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principios de este año Italia oeleloró el primer centenario del nacimiento de Eossini, que vino al mundo para gloria del arte j V í el día 29 d e Febrero de 1792. (Czíy iJKL Con este m. otivo se recordaron varias curiosísimas anécdotas referentes al ilustre músico, muchos rasgos felices de su J S ijl a, u (jo ingenio, que ahora acuden de nuevo á nuestra memoria, con otros que, en distintas ocasiones, hemos leído ú oído referir, cnvo T- e atT nrerta hóv opnrtunidai la fecha correspondiente á la del fallecimiento del famoso maestro, acaecida, como dicho queda, en París el 13 de Noviembre de 1868. En la época del nacimiento de Rossini había en Italia, como en España y en otras naciones, gran número de ambulantes compañías teatrales formadas ñor pobres cantantes desafortunados ó por miseros comediantes de la legua que iban de un lado para otro buscando un pueblo donde hubiera feria ó celebrasen la fiesta del Santo patrono: levantaban en la plaza ó en el campo un teatrito hecho con unas tablas viejas y unos lienzos remendados: daban tres ó cuatro representaciones y volvían á deshacer su finca y A cargar con los materiales, para seguir su peregrinación, unas veces felices y satisfechos, escuchando el alegre sonido de unas cuantas monedas que habían caído en la bolsa común; otras veces mohínos y cabizbajos, tapándose las orejas para no oír los silbidos y los denuestos con que los despedían los ignorantes espectadores, que no habían sabido comprender y apreciar su mérito indiscutible E n una de estas compañías nómadas iba una mujer de belleza extraordinaria. Ana Guidarini. que era la segunda tiple: un hombre de edad madura y de severo aspecto, losé Eossini, primer trompa de la pequeña orquesta, porque la compañía era de ópera y llevaba sus músicos, y un hermoso niño de pocos años, Joaquín, hijo de ambos, que tocaba la parte de segundo trompa y que era, por su precocidad y por su viveza, encanto y admiración de todos. Aquella compañía de cigarras como la llamaba un ingenioso escritor, pasaba los veranos cantando de pueblo en pueblo: pero imitando la previsión de las hormigas, guardaba sus modestas ganancias para vivir en Pesaro desde que comenzaban los fríos del invierno hasta que volvían á lucir los esplendentes días de la primavera. Aquel niño, que ya entonces revelaba brillantísimas disposiciones musicales, no sólo tocaba con gran habilidad la trompa y el violín yacía notables progresos en el piano, sino que poseía una voz dulcísima y bien timbrada, que sus padres también procuraron explotar haciéndole cantar los solos de tiple en las funciones de la catedral. Uno de sus biógrafos refiere que los canónigos, maravillados por su belleza y por su voz, al terminar cada función no dejaban de regalarle algunos pauli que él se apresuraba á gastar en chucherías. Ya entonces el niño Kossini había compuesto algunas inspiradas melodías y algunas graciosas canciones, revelando precozmente sus aptitudes de compositor; pero sus padres, poco dispuestos á hacer gastos para cosechar glorias del porvenir, atentos sólo á explotar sus facultades para recoger provechos del presente, le hicieron maestro de coros qon la esperanza de que pronto pudiera ser primer tenor de la compañía. -Pero el niño, al llegar á joven perdió por completo aquella voz maravillosa, y ya sólo se pensó en que volviera á tocar la trompa en la orquesta al lado de su padre. ¡Al diablo la trompa! -gritó él entonces con un alarde repentino de independencia. -Yo no quiero ser ejecutante, yo quiero ser compositor. Un terrible puntapié, que correspondió al final de la frase, fué la bendición paternal de despedida que recibió, acompañada de estas secas y crueles palabras: -Pues bien; vete, desgraciado tú podrías llegar á ser el primer trompa de Ñapóles, y sólo serás el último compositor de Italia. El violento puQtapié paterno le hubiera hecho vacilar y acaso caer al suelo, sin fuerzas para marchar entonces solo, si no le hubieran sostenido los brazos de una mujer encantadora, la condesa Olimpia Perticari, joven viuda, rica y llena de seducciones, que le concedió su protección, le hizo entrar en el liceo de Bolonia, se dignó cantar con él apasionados dúos y le inspiró las primeras composiciones serias y ya ajustadas á las reglas que con particular interés le enseñaba el insigne maestro Estanislao Mattei, á quien Rossini llamaba JSlpadre Coittrapimto. Aunque, según Mirecourt, los negros ojos de la encantadora condesa inflamaron en el corazón de Rossini el primer fuego de la pasión, otros biógrafos cuentan una chistosa anécdota que se refiere á otros amores de su niñez y que prueban que el insigne músico igualó, si no aventajó, á Dante Alighieri en la precocidad amorosa. -Al decir de estos biógrafos, Rossini, que tocaba el violín, no la trompa, en el teatro de Fano, donde cantaba su madre, se enamoró, cuando aun no tenia diez años, de una niña de su edad, poco más ó menos. La temporada concluía; Rossini debía marcharse de Fano con sus padres; la separación temida era inminente, y un dia los dos enamorados chiquillos se dieron cita, para despedirse, en la iglesia del convento franciscano de Santa María Nueva En la discreta penumbra de un confesonario, lloraron, quejáronse de su suertey se hicieron apasionadas protestas de amor eterno, hasta que un lego, reparando en ellos, interrumpió su plática y los echó de la iglesia, sacudiéndoles el polvo con el cordón del hábito. Súpose la aventura, y en la función de la última tarde de Carnaval, el bufo de la compañía hizo, con motivo de ella, algunos chistes picantes con transparentes alu siones. Rossini, que estaba en la orquesta, saltó de su silla, y no teniendo otro proyectil á mano, tiró el violín á la cabeza del ba 0 cómico, y huyó del teatro entre el alboroto consiguiente, costando grandísimo trabajo el hacerlo volver y el aplacarlo. No hemos de seguir la historia de todos sus amores y de todas sus aventuras de esta índole, porque sólo con ello habría para hacer un libro voluminoso. Baste decir que si antes de revelar su genio, musical las mujeres se apasionaban de él por su belleza varonil, cuando la Fama le rodeó con su brillante aureola, se lo disputaban por todas partes hasta damas principalísimas, dando ocasión á querellas, escándalos, lances y escenas, con los que habría asunto para un centenar de operetas cómicas. Sin embargo, esta época agitadisima de su juventud tuvo un final triste, Rossini se casó con una tiple española, Isabel Colbrand, amante de Barbaja, que era un millonario empresario á la sazón del teatro de San Carlos, de Ñapóles. Un escritor dice, refiriendo el hecho, que la Colbrand, además de sus numerosos encantos, tenía unas 20.000 libras de renta, lo que no fué obstáculo para el matrimoido Barbaja se vengó organizando una partida de reventadores que silbaron estrepitosamente la Si miramis, estrenada en última ópera que Eossini compuso para Italia. -La primera había sido CamMale de matrimimio, escrita á los diez y ocho años, por excitaciones de la condesa Perticari, y estrenada con aplauso grandísimo en el teatro San Moisés, de Si con el relato de sus aventuras amorosas podríamos hacer un libro voluminoso, con el de sus triunfos artísticos, con el de sus agudezas y sus rasgos de ingenio, tendríamos asuntos bastantes para media docena. Referiremos sólo una de estas últimas. Rossini era patriota y republicano. Cuando á principios de este siglo los acontecimientos políticos pusieron á Italia bajo la influencia austríaca, Rossini alentó el espíritu revolucionario, componiendo un himno á la independencia, que fué cantado en toda Italia y se llamó La Marsellesa italiana. Por desgracia, al mes las tropas austríacas entraron en Bolonia, y el general Stefanini formó listas de conspiradores, á cuya cabeza figuraba el exaltado músico. -Hijo mío, escápate- -dijo llorando el P. Mattei á su antiguo discípulo. -Esos infames te fucilarán si te cogen, como si no fueras el mejor compositor de Italia. ¡Bah! -le respondió Eossini- ¿Qué apostáis, querido maestro, á que el mismo general me da un pasaporte y un salvoconducto? ¡Desgraciado! -exclamó el buen padre Contrapunto -No te fíes. Mira que es un hombre feroz é implacable, Al siguiente día Rossini se presentó en casa del general ccn un pliego de papel arrollado y atado con cintas de los colores nacionales austríacos. -General- -le dijo- -he creído un deber el rendir homenajea nuestro magnánimo emperador Francisco, poniendo en música la canción que escribió para él el poeta Monti. Ahí os entrego este Inno alVlmperatore, que, si lo tenéis á bien podéis hacer que sea tocado por vuestras bandas militares. El jefe austríaco desarrolló el pliego gravemente, leyó las palabras del himno, sonrió con cierto desdén, y entregó al músico un papel que decía: Salvoconducto para el Sr. Joaquín Rossini, patriota sin importancia Eossini salió aquel mismo día para Ñapóles, y al siguiente, Bolonia, espantada, veía a l a s bandas militares austríacas que recorríanlas calles tocando La Marsellesa italiana. Eossini no había hecho más que poner bajo las notas de este himno las palabras del himno de Monti. En los últimos años de su vida, Eossini se liabía ido á vivir á una casita en la villa de Passy, cerca de París, donde sus achaques, que ya databan de larga fecha, fueron agravándose hasta acabar con él en la noche del 13 de Noviembre de 1868. Su última palabra fué Olimpia el nombre de la condesa Perticari y de su segunda mujer; su último amigo, Mgr. Chigi, nuncio apostólico; su último epigrama, una carta sobre el queso de Gorgonzola; su última satisfacción, haber inventado una nueva salsa de pescado para los macarrones; su última excentricidad, esta firma: El cisne, antes el ganso, de Pesare su último precepto musical, no hay música melodía TELLO TÉLLEZ. H F J