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716 BLANCO Y NEGRO Desde aqxiel momento esta fué la idea fija de John Browning. Una mañana entró como una bomba en el despacho del inglés uno de sus más íntimos amigos, el honorable Charles Sims, nortesamericano de pura raza, tres veces miUpnario, hombre que se comía diariamente diez libras de solomillo con patatas, acompañado de otras tantas botellas de Jerez. De noche, especialmente, no habría que contar con él para nada. Después de haber vaciado con su amigo dos ó tres botellas de cerveza, John Browning le enseñó la tabla objeto de su preocupación, y le contó la historia que él mismo se había forjado. Sims examinó detenidamente el cuadro, y exclamó: -No es difícil adivinar quién gana la partida. John se estremeció de alegría: tenía un contrincante. ¡Cómo! ¿Tú conoces la carta que está debajo? -le preguntó. -Como si la viera. -Yo pondría al tres de espadas toda mi fortuna. ¿Al tres? ¿Vencer un tres á un caballo? ¿Estás loco? Eso no se ha visto nunca. Yo siempre he ganado los caballos contra cualquier carta. ¿De modo, que si esa partida se empeñase entre nosotros- -Yo jugaría al tres. -Perderías irremisiblemente. ¿Quieres que apostemos? Hubo un segundo de pausa después de la proposición de Sims. ¡Acepto! -exclamó por fin John. -Sea; toda mi fortuna al caballo. -Pues bien yo la mía al tres de espadas. ¿Apruebas que hagamos un compromiso formal legalizado por un notario? Por toda respuesta John hizo sonar un timbre y transmitió sus órdenes al ayuda de cámara: una hora después estaba el compromiso en toda regla. La partida iba á comenzar. Pero entonces, por primera vez, se le ocurrió á John que era un disparate lo que intentaban. -Querido compañero- -le dijo, ¿cómo vamos á saber la carta que hay debajo? -Muy fácilmente- -contestó Sims asiendo el cuadro. -Mira, no hay más que arrancar la tabla de esta especie de estuche, y tal vez detrás hallemos Una profunda y extraña mirada de Browning, le interrumpió. Este empezaba á comprender que su amigo estaba más loco que él. Mientras tanto Sims rompió el terciopelo que tenía la tabla por el reverso, viendo ambos ingleses, con extraordinario asombro, pegado á la tabla un naipe que era el caballo de copas, y un abultado cartapacio que encerraba un considerable número de banke- notes, y un papel que decía: Con esta carta gané una noche al Duque de P la cantidad adjunta, que lego al que, empeííando una partida igual, gane con el caballo de copas. John, al apercibirse de que estaba arruinado, cayó al suelo sin sentido. E DE LUSTONÓ.