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EL CABALLO DE COPAS Á la muerte del Duque de P se hizo almoneda de todos los objetos que componían su lujoso y riquísimo mobiliario: sillerías, tapices, cuadros, porcelanas, etc. Un verdadero tesoro en objetos de arte. John Browning, un inglés que por entonces recorría España y que era muy aficionado á las antigüedades, tuvo el capricho de adquirir, entre diferentes cuadros, verdaderas joyas pictóricas, una tabla de poco más de una cuarta en cuadro, pintada por una de sus caras y perfectamente cubierta con un terciopelo deslucido por la otra, como si estuviera metida en un estuche. La tabla, de autor desconocido, puesto que además de estar sin firma, no era posible adivinar nada ni por el dibujo, ni por el modo de manejar el color, era, sin embargo, á juicio del ingle s, una obra de arte. Representaba un gabinete con ensambladuras de roble. En primer término se veía una mesa pequeña, cubierta con un riquísimo tapete de terciopelo verde, cuyos pliegues, cayendo hasta el suelo, estaban perfectamente dibujados. A la derecha había un hombre que, por la riqueza de su traje del siglo pasado, denotaba ser un caballero, el cual tenia en la mano izquierda una baraja, mientras que con la derecha estaba en actitud de correr la carta que se veía, que era el siete de espadas. A uno y otro lado había dos cartas sobre el tapete, en el sitio en que los jugadores de monte tiran el albur, lío había gallo.