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BLANCO y NEGRO 713 que se repitió por aquél entonces, segÚB frase de Morayta, quien dicho sea de paso y no obstante ser catedrático de Historia, ignoraba quién fuera yo, hasta que se lo pregustó á Castelar, que se repitió, repito yo ahora, casi tanto como el nombre de Colón en estos días. ¿Y todo para qué? Para tenerme condenado, y entro ya en materia, á dar guardia de honor á la casa de la Villa; para tener que oir, porque las estatuas, lo mismo que las paredes, oyen á veces, sesiones tumultuosas, gritos, imprecaciones, campanillazos y demás detalles de las broncas, creo que asi se dice, concejiles ó municipales; para verme obligado á taparme las narices cuando se remueven ciertos asuntos que dicen de consumos y que yo pienso si serán algo así como los de alcabalas que cobraba un soldado que estuvo conmigo en Lepante, que mancó- allí y que, rao ohatante, escribió un libro, según oreo, famoso; paia persuadirme de que el patriotismo es una filfa y que ya cioicos no queda casi ninguno, y para ¡oh colmo de la vergüenza! estar expuesto, como se ha verificado á recibir en mi continente de majestad y noble fiereza, algún proyectil que en la Armada Invencible no era conocido, y que hoy en día lo mismo se revuelve con huevo ó acompaña en forma de salsa al jamón, que se dispara á la faz del más Fustegüeras de los alcaldes. ¡Los tomates, los pepinos, las zanahorias y los pimientos, sirviendo de armas de combate! Esto era demasiado... ¡Cobardes, malandrínas, non fuyades! comencé á gritar acordándome de los buenos tiempos en que gritaba contra el infiel de manera parecida Pero ¡que si quieres! El temporal arreciaba, la nube se deshacía, y la misma hortaliza que dejaba señales de su paso por la levita de vuestro Bogaraya, venía á estrellarse contra el plinto que me sirve de pedestal Protesté quise echar mano á la espada que pende del cinto, y ¡nada! ¡imposible! Benlliure me la ha sujetado al cinto de tal manera, que ni separarla de él pude. ¡Qué días aquellos! No se me olvidarán nunca, ni á Bosch tampoco. La batalla de Lepante y la batalla contra vuestro Alcalde, acreditan á una nación. De la primera salí ileso. No así de la segunda. ¡Todo sea por Dios y para mayor gloría suya y de mi casa vecina! Por la cruz de mi apellido Y con la cruz de mi espada juro á V. Sr. Director, que á pesar de todos los pesares, envidio la suerte de las estatuas que me han precedido en el uso de la palabra. ¡Ellas colocadas en medio de jardines de verdad, sirviendo de cúspides á fuentes alegres y cristalinas, recibiendo los perfumes de las damas elegantes que en torno de ellas pasean, en tanto que yo, peor cien veces que el forzado de Dragut, Amarrado al duro banco De la galera turquesa (perdonando á Góngora la asonancia) tengo que ver lo que no han visto ni los vistas de los fielatos, oir que se pierden expedientes, oler algo que no es precisamente ámbar y sí como mezcla de paja y aceite, tocar el cielo con las manos, cosa para mi bastante más difícil que para el amigo Cristóbal, y gustar me nada de lo que veo á mi alrededor. ¡Ohtempora! ¡Oh mores! ó con Ricardo de la Vega: ¡Cómo camhean los tiempos! Mi tocaya D. Emilia Pardo y los termómetros de Perreras podrán decir lo que gusten, pero yo me encuentro muy mal aquí. ¡Ni el recurso de volverme hacia La torre de percalina Llamada de los Lujanes, único sitio que podría recordarme grandezas pasadas! ¡Allí está la Sociedad Económica Matritense, y de ella salió hecho hombrecito el Alcalde de la villa en cuya plaza quisiera tener asiento mejor que estar en pie en k ínclita villa del Bosch y del madroño! (1) Perdóneme, Sr. Director, si abuso de la hospitalidad que concede en BLANCO Y NEGHO á las estatuas quejumbrosas. El primer Marqués de Santa Cruz, el más ilustre (modestia á un lado) de los Bazanes, no debe sufrir el roce cons. tante de tantos casi homónimos. Influya V. por mi traslado, antes que, siguiendo la moda iniciada con los árboles de Recoletos, venga un concejal, diputado ó senador, ¡y me tale! Suplicóle de nuevo la inserción graciosa de las precedentes líneas, y disponga como guste del bronce de su afeótísimo s. s. y Almirante, c. m. 1. h. -ALVARO DE BAZÁÑ. El Amanuense, CARLOS OSSOBIO Y GALLARDO. (1) The Liberal. Mariano Voltairo y Cavia. Plato del flia.