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(10 BLANCO Y NEGRO de cola resultará antihigiénico, pero espuma la figura, da al cuerpo una extraña majestad Todas las mujeres parecen ahora unas reinas Y lo que es ésta ¡Qué talle, qué estatura, qué arrogancia! ¡Una diosa, enteramente una diosa! ¡Juno! íío, pues la que le acompaña tampoco es un grano de anís Sin embargo, al lado de la otra Y debe ser persona de posición, porque entre el aro de oro que le cae sobre la mano con que recoge el vestido y la falda de barros de seda, lleva lleva encima dos mil reales Pues señor, ni que hubiera adivinado mis gustos Nada de adornos ni de arrumacos ¡Y cómo pisa! ¡Con qué aplomo! Voy á apretar el paso para verle la cara ¡Admirable! Es un madrigal vivo ¡Qué dalzura y qué gracia! No cabe duda Se adivina en su distinción á la gran dama Y ha reparado en mí ¡Hola, hola! Me largo detrás de ella Así como así, no tengo ahora nada que hacer ¿Quién será su compañera? ¿Alguna amiga? No parece. Más bien deja adivmar una señorita decompañía ¡Malo! Va de compras ¡Paciencia! Hagamos una prueba Fingiré que sigo ¡Eh! Ha vuelto la cabeza para ver si me paraba ¡Conquista segura! Me entretendré contemplando el escaparate ¡Pues señor, no tarda, que digamos! Se lleva toda la tienda- ¡Loado sea Dios! ¡Toma! ¡Y no saca nada! A otro comercio ¡María Santísima! Evoco los manes de Job... ¿A la calle de Peligros? ¡Pues á la calle de Peligros! Chichea al mayoral del tranvía De retirada Pues yo no cedo Subiremos también Se conoce que habita lejos Se baja Pues me bajo N o pues aquí no vive, porque ha buscado el número y ha preguntado á la portera Esperaré ¿Y qué hora es, á todo esto? Las once No hay más remedio que aguantarse Una ez empezado el melón Almorzaré más tarde La oficina lo pagará ¡Ea! ¡Sin cerillas! ¿Me permite usted? Muchas gracias ¡Ah! ¡Ella! Tranvía de nuevo ¿Que hasta dónde? Hasta la Puerta del Sol Se sonríe ¡Claro! Mi tenacidad le place Lo menos ps mío ya medio corazón ¡Sevilla! ¿Continúa la excursión? ¿A quédianires habremos ido entonces al barrio? ¡Qué obscuro se pone! Centinela número cuatro ¡Caramba! No la distingo con tanto coche Serla divertido después de tales mareos La encontré ¡Qué susto me ha dado! ¡Creí que se me perdía! Acortaré las distancias por si acaso Me pegaré á ella A l a Carrera de San Jerónimo ¡Qué voz tan fresca! Parece un pájaro Mis suposiciones eran exactas Su compañera la ha llamado señorita Se sonríe de nuevo Mi osadía la ha agradado Las mujeres se mueren por los atrevidos El otro medio corazón está para caer Se para ¿Qaé ha encontrado, que lanza esa exclamación? ¡Mira, mira el abanico que buscábamos! le dice á la otra, señalando á un escaparate Es una cabritilla de actualidad El desembarco de Colón en la isla de San Salvador Sin duda se propone hacer algúa regalo ¡Cómo tarda! Es una mujer temible para los horteras Quitan el país Ya no puede retrasarse mucho Me ha caído una gota ¡Atiza qué chaparrón! ¡Cuidado con haberme dejado en casa el paraguas! Me arrimaré á la pared No, pues no basta Me estoy poniendo hecho una sopa... ¡Ah! En aquel portal Desde allí se distingue la tienda ¡Qué atrocidad! Aquí se ha detenido más que en ninguna parte No, pues ahora me conviene que no salga Diluvia y no lleva traza de ceder ¡Vaya! Ha cambiado el viento; el turbión pasa- l V 3 g, Ahora llueve menos Me lanzo fuera ¡Dios mío! ¡No la veo! ¡Pero no ha salido! ¡Yo no he quitado los ojos de la entrada! No distingo bien el interior del comercio Quizás esté á un lado Nada, me entro Pero Es algo fuerte ¿Y qué? Compraré cualquier chuchería para disimular Así me convenzo de si se halla ahí ó de si se ha marchado ¡Bah! ¡Imposible! Como no se hubiera convertido en aire ¡Ea! ¡Basta de vacilaciones! No está Pues No sé qué pedir Una fosforera de esas de níquel ¡Ah! ¿En esa otra tienda? ¿Que no hay necesidad de ir á la calle? ¿Por el portal? Es el mismo establecimiento Acaso se encuentre allí ¡María Santísima! ¡Ahora lo comprendo todo! Yo creí que la casa déla esquina era un comercio distinto Ha huido por la puerta de la calle de la Victoria Ya será menos Ahí van Siete pesetas III ¡Nada! Ni la más leve huella ¡Qué! ¡Sabe Dios el tiempo que hará que se ha largado! ¡Valiente mico! ¡Cómo se reirá ahora de mí! Pues señor, he hecho la mañana He retrasado dos horas el almuerzo, me he mojado y me he gastado siete pesetas sin necesidad ¡Bonita aventura! De todo tiene la culpa ese demonio de abanico ¡Maldito sea Colón! ¡Esta tarde misma rompo las cuartillas que llevo escritas, y empiezo una memoria demostrando que el ilustre navegante fué un tirano, y que hicieron bien los Reyes Católicos en traerle á la Península cargado de cadenas! ALFONSO P É R E Z N I E V A r