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705 BLANCO Y NÉGÉO en tumultoaamanifestacíóa. Al pasar por el boulevard. del Temple, las turbas entraron en un salón de figuras de cera, que habia abierto pocos días antes un tal Cartius; en este salón figuraban los principales personajes de la época, y los amotinados, apoderándose de los bustos que representaban á Necker y al Duque de Orleans, los coronaron de laurel y los llevaron en triunfo por las calles de París. La fuerza pública salió poco después para contener el desorden; dio la caballería una terrible carga á los grupos que llevaban los bastos, y muerto de un tiro el hombre que conducía el del Duque, rodó por el suelo la figura, partida ya por un sablazo, y completamente destrozada, al fin, por los pies de los caballos. E l Duque de Orleans, que era amigo de los placeres como su abuelo, poco amigo de la etiqueta cortesana, como su padre, frivolo, despreocupado y algo maldiciente, nunca fué bien mirado por los Reyes y por los aristócratas, que censuraban su libertinaje y anatematizaban sus ideas avanzadas. -Enel- acto de su casamiento con la hija del Duque de Penthiévre, Luisa M. Adelaida de Borbón, cometió una ligereza que escandalizó á los aristócratas: se había colocado ya en el altar, junto á la novia, pero en el lado opuesto al que le correspondía; se lo hicieron not E, y saltando por encima de la cola del vestido que aquélla lucía, paso al otro. lado. Las hablillas, murmuraciones y censuras de j jíiMCfe Srnraron más que la luna de miel, extraordinariamente abreviada por sus licenciosos devaneos. Súpose después que habla sido iniciado en la francmasonería, y que, arrastrado por suafición á todo lo nuevo y á todo lo extraordinario, y popsuafán de popularidad, se. había convertido en propagandista délas ideas de emancipación universal, que venían del Norte deAmérifea No- hay para qué- decir que la prevención con que era mirado por la aristocracia se convirtió pronto en aversión profunda. Guando Francia sostenía la guerra con los ingleses, el Duque, mandando la retaguardia (escuadra azul) asistió al combate naval, cerca de las islas de Ouessant y demostró valor frió y tranquilo y gran presencia de ánimo según decía el mismo Ministro de Marina en carta diriígidií rpuqiré de PéntKi évre, gran Almirante de Francia. Pues entreoíos cortesanos corrió como única exacta la versión de que á él se debió! l aií) ííkbérse deoidido la victoria por Francia, y que fueron tan extraordinarios su pavor y su cobardía, que estuvo durante toda la acción i es! i (í do en la sentina del barco. i indo estuvo más de moda en Francia el problema de la dirección de los globos, todavía no resuelto, los hermanos Eobért y un hábil i m áánioo, CoUin- Hullin, dijeron haberlo realizado con un aparato de su invención aplicado á un globo inmenso por ellos construido. París í a, ga. ¿rdaba con grandísimo interés el resultado de la prueba que habia de verificarse, y señalado el día de la ascensión, el Duque quiso aópiapañar á los aeronautas. Elevóse el globo perfectamente, pero ya á bastante altura fué envuelto por un violentísimo remolino de aire S que- desconcertó la máquina, aturdió álos aeronautas y puso en gravísimo riesgo la vidade todos. j Entonces el Duque tuvo una idea salvadora: con gran serenidad hizo en el globo una abertura por la que fué escapando el gas, y el globo I descendió con rapidez, pero sin daño para ninguno de los tripulantes. -Pues los cortesanos aseguraron que el peligro no habia existido, pero í que el Duque, atemorizado al verse á tanta altura, hizo la brecha en el globo sin necesidad y sólo para descender y verse de nuevo en tierra. (En 1787, cuando él hambre, precursora de la revolución, afligía al pueblo, repartió abundantísimas limosnas, y hasta á aquel acto benéfico i se dio torcida interpretación por sus enemigos, que le acusaban de acaparar los granos para producir el hambre, y de repartirlos después para lograr popularidadyáfeotos. I Estas y otras injusticias agriaron cada vez más el carácter del Duque de Orleans, que ya era masa dispuesta para cualqiüer cosa, y poco á Ipoco fueron empujándole hacia la revolución. Algunos libelos injuriosos que circularon con profusión y que se decía estaban inspirados por fia Reina; algunos castigos impuestos, y muchos desprecios hechos á su persona por el Rey, excitado al parecer por su esposa, fueron causa del odio violentísimo que mutuaiuente se profesaron el Duque de Orleans y María Antonieta, ofendida á su vez por otros injuriosos libelos, que se! ásegúra. ba estaban inspirados por cLDuque, quien, al llegar lá Peina al quinto mes de su primer embarazo, se había permitido decir que era I tan mala esposa como mala soberana, y que jamás Uegaria á reinar ael hijo de Coigny uno de los amantes que la maledicencia cortesana cacolgaba á la infortunada. María Antonieta. i A tal punto llegó el odio de ésta, que, según refiere Mme. Campan en sus 3 femorias, la víspera de la reunión de los Estados generales fhubo. procesión solemne en Versalles, y al escuchar los vítores que daba el pueblo al Duque, viéndole ir entre las filas de los Diputados del tercer Estado, sintió la Eeina tal emoción, que fué preciso sostenerla para que no cayera desmayada de cólera y de dolor. í Á pesar de todo, se intentó la reconciliación del Duque con los Reyes: Luis XVI le nombró Almirante, y él fué á Palacio para dar las gracias. -El Bey y la Reina le recibieron con aparente cordialidad, pero algunos jóvenes cortesanos aturdidos é insolentes, le hicieron blanco de burilas soeces que le obligaron á retirarse, no sin recibir algunos codazos y empujones de aquellos jovenzuelos, que llegaron hasta escupirle cuando bajaba la escalera. Desde aqnel día- el Diique, ciego de cólera, se entregó por completo á la revolución y procuró figurar entre los más exaltados. Favoreció y estimuló con su dinero á los revolucionarios, inspiró la proposición de declarar al Bey pérfido y traidor á sus juramentos, pidió á la Comnmne Ique le autorizase para tomar el nombre de Felipe Igualdad, j al llegar el proceso del Bey, siendo el único que podía recusarse, como dijo el Imismo Róbespierre, no vaciló en votar la muerte del que era su pariente. Aquel acto incalificable produjo, sin embargo, efecto contrario al! qué ésperá ba, aun entre los más encarnizados enemigos del Rey, y los que no lo vieron con indignación, lo miraron con desprecio. -Lafatalisdad segaía persiguiéndole. -De igual modo que los cortesanos y los ari 3 tócrata; s le rechazaban como demagogo, los demagogos le rechazaron ícomo. aristócrata, recordando que tenía sangre real y que pertenecía á la familia de los Borbones. La Montaña, á que trató de unirse, oonsisderando su adhesión una afrenta ó temiéndola al menos como un pretexto para las sospechas y recriminaciones de los contrarios, decidió ¡sacrificarlo, aciisándolo de pertenecer al partido girondino, su enemigo implacable. Detenido- en Marsella, fué conducido á París el mismo día que los girondinos subían al cadalso. Vióse su loceso. por fórmula, pues ya esjtaba acordada su sentencia de muerte, escuchada por él con uíia tranquilidad y un valor que ya no le abandonaron hasta que dos horas desrpués, cortada por la guillotina, caía aquella cabeza, cuya imagen de cera coronada de laurel había sido llevada en. triunfo, pocos años antes, i entre los aplausos y vítores del mismo pueblo que entonces le injuilaba y le maldecía. TELLO TÉLLBZ.