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-C- t NlVISTRaCICV j re CÍO Núm. 79 6 de Noviembre EFEMÉRIDES 1793. -Fué guillotinado en París FELIPE IGUALDAD (L u i s Felipe J o s é Duque de Orleans. L autor del Diurnal de la Berolitr ti- in de Franee- -que ya en otras ocasionea hemos citado, -al referir la ejecución del Duque de Orleans, comienza con estas frases: El 6 de Noviembre de 1793 fué condenado á muerte el hombre cuyos tesoros habían hecho la revolución, pero que nunca tuvo personalmente ni el talento, ni la discreción, ni el carácter propios de un jefe de partido. Fué un libertino desenfrenado toda su vida, lin cobarde asesino durante su corta carrera política, un- horábre valeroso sólo en sus liltimos momentos. Aunque el Duque de Orleans merecía quizis su suerte, justo es decir que fué sacríificado por el tribunal revolucionario: tal era, la atrocidad de aquellos jueces verdugos y de ríos que dirigían sus actos, que asesinaban aun á lpS; miamos que hubieran podido condenar con justicia. Béáulieu, al escribir; as anteriores palabras, dejóse arrastrar por la sa a y por el apasionamiento á qué dieron ocasión algunos hechos injustificables de aquel desatinado príncipe, en cuya torpe conducta inflayeron sin duda, á la vez que los encontrados estímulos de su carácter débil y ambicioso, las singularísimas condiciones en que lo colocaron los ciegos é irresistibles impulsos de la fatalidad. E l Duque de Orleans tuvo siempre la desdicha de no inspirar confianza á nadie; de que por todas partes le siguieran la prevención y los recelos; de que aun sus acciones meritorias aparecieran como hechos censurables; de que hasta se temiera su amistad como un peligro y sus protestas de adhesión como una afrentosa nota de complicidad. Ee bió desprecios crueles, y la altivez y el despecho engendraron en su coráíón odios terribles; procuró agiadar, ya á unos, j a á otros, con alardes extremados, y su debí- lidad y su bajeza sólo alcanzaron desdenes humillantes ó reproches hostiles. Aun en loa pocos instantes que gozó de pasajeros triunfos, parecía que hasta en efigie era peraeguido por la fatalidad. E l 12 de Julio de 1789, el pueblo, exaltado al saber que LuisXVI habla despedido y desterrado á Necker, el famoso y popular ministro, lanzóse a l a e