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700 BLANCO Y NEGRO desprecio, incluso los oficiales, como si él fuese el responsable de haber nacido imbe oil y pagase el castigo de su culpa. Era el criado de todos, grandes y chicos, y desempeñaba los oficios más degradantes. Á todos respondía, ya se le hablara en son de burla, ya en son de veras, con un j ji! ¡ji! babieca, que demostraba su acabada imbecilidad. Era un jayanote robusto como un roble, con una musculatura capaz de dar en tierra con el propio Hércules; pero inofensivo é incapaz de hacer daño á una mosca. Como á la sazón andaban las cabezas preocupadas con la gravedad de la situación, y no estaban los ánimos para bromas, nadie paraba mientes en él, y solamente algún que otro travieso soldado se permitía, al pasar, tirarle de las orejas, darle un coscorrón ó dedicarle una palabreja despreciativa. Por eso aquel día se hallaba Joseillo solo, solo y aislado á modo de paria ó apestado; y por eso, ya que se avecinaba la noche, negra y cerrada, desvelado y aburrido, no osando acercarse á las fogatas que habían encendido sus compañeros, temiendo que lo echasen como á un perro, arrebujado en una manta, temblando de frío y de miedo, dióse á rondar por los contornos del puentecillo; y ya andaba un rato de paseo, cuando oyó pasos quedos y voces contenidas, que le obligaron á esconderse tras una roca. ¿Quiénes eran los que hablaban, amigos ó enemigos? Bien pronto, por la voz y por la conversación supo perfectamente á qué atenerse. Eran el Mirlo y el Piqueras, dos de sus compañeros, que estaban tramando una horrenda traición. -Conque ya sabes lo convenido. La partida del terrible cabecilla Ardieta, según mis noticias, se halla á una hora de distancia del sitio donde acampamos. Estará en ese lugar hasta el amanecer, en que marchará á unirse con la fuerza que manda Cabrera. Ardieta no sabe que hay enemigos en estos contornos. Si lo supiera, ya habría acabado con ellos. Ponió al corriente de ello y ofrécele que copará la partida sin peligro alguno, y antes de una hora los tendremos aquí. Esos negros canallas serán todos pasados por las armas, y ese coronel de Barrabás pagará lo que nos debe Ya sabes las condiciones para guiarlos hasta aquí: una buena recompensa y la vida del coronel López Anda con Dios, y que la Virgen nos saque con bien de la empresa. Yo me vuelvo al campamento para que no sospechen. Procuraréis estar aquí á la una, hora en que mondaré yo la guardia, y entonces los cogeréis aún más desapercibidos... Adiós. Tales palabras, recogidas con avidez por Joseillo, dijo el Mirlo al Piqueras. Fué un salto de felino el que trasladó á Joseillo de la roca á la mitad del puente. ¿Qué había oído, ¡rediós! ¿Que los fusila- rían á todos? ¿Que ese traidor iba á avisar á las fuerzas enemigas? ¿A que no? Ahora verían de lo que era capaz el idiota: salvarlos á todos, aunque arriesgase la pelleja Y apenas columbró que el traidor ponía el pie en el puente, ya estaba él con sus nervudos brazos abiertos, dispuesto á cogerle entre ellos y á despeñarle en la sima El traidor se debatía defendiendo con tesón su vida, amenazada por Joseillo Empuja que te empuja, fueron á parar junto á una de las barandillas del puente- ¡Suéltame, suéltame! -decía el uno. ¡J i! ¡ji! -contestaba el otro. -La madera chirriaba Crujió primero levemente después con más fuerza, como si se doliese de la lucha Luego cedió 1 a baranda al peso, y los combatientes