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694 BLANCO Y NEGRO ¡Vaya! Al fin volvemos á reemprender el viaje Guardia, ¿me hace usted el favor de no empujar? ¿Le es á usted lo mismo molestar á cualquier otro? -Yo no rempujo. ¡Hombre, si! Va usted todo el camino metiéndome el codo por la rabadilla. ¿No ve usted que vamos aquí nueve personas? -SI, ya lo veo, y usted debiera evitarlo, porque este es un abuso. ¡Ta ta ta! ¡No quieren ustedes pocas comodidades por quince céntimos! ¿Otra paradita? -Si; es que se ha caído una muía sobre una lavandera. MI ¡Demontre! Pero ¿qué? ¿Tenemos que bajarnos todos? -No es necesario; pero si quiere usted ayudar á levantar la muía, no se le caerá á usted la venera. ¡No faltaría más! -Pues otros tan buenos como usted han ayudado muchas veces. Aun ayer tarde estuvo más de media hora un concejal arreando, y por eso no deja de ser quien es. ¡Nada! La muía no quiere levantarse. ¡Pastora! ¡Riá! ¡Me caso con veinticinco! ¡Pastora! ¡Maldita sea tu sangre! -Díganle ustedes que le van á leer unos versos de Catalina, á ver si se levanta. ¡Riá! ¡Pastora! ¿Te quieres levantar, si ú no? ¡Dios mío! ¡Las seis menos cuarto! Pero ¿ustedes se proponen levantar la muía por el convencimiento? Menos mal; ya parece que se incorpora ¡Si supiera ese animal los perjuicios que me está ocasionando con su conducta! Hombre, pegúele usted otro poquito ¡Vaya! Ya se ha levantado ¿Qué se le ofrece á usted? ¡Ali! ¿El billete? Sí, señor; aquí está; lo guardo como oro en paño, porque no quiero disgastos con la Empresa. No me vaya á suceder lo que á un amigo, que perdió el billece y por poco lo mata un reyisor Guardia, ¡por la Virgen Santísima I Me ha pisado usted cinco veces en el mismo dedo. Ponga jisted la bota encima de otro pie, para que alternemos todos en el sufrimiento ¿Estamos ya en el Puente? Apeémonos ¿Tardará mucho en bajar el otro tranvía? -Poco. -Más vale así