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692 -Vienes aqui en ese traje, Y en no sé qué lengua me hablas? Eres tu Lope de Vega? Eres Tirso? -No, caramtia. Que yo soy contemporáneo De Ayala, Bretón y Larra, Y he contado en un lihrito. Que tiene ochocientas páginas, Del Corral de la PacTieca Glorias por ti consagradas. ¿Eres Kicardo Sepúlveda? -Me has conocido. Mil gracias; Y dispensa te tutee, Porque, vamos, no me agrada Hablar de usted á las piedras. -Dispensado; pero acaba. -Yo no sé por qué te han hecho Esa figura tan blanca, Don Pedro, que más pareces Pariente de la Nevada, Sorbete de mantecado O á lo más chico de horchata. Pero, volviendo á mi tema Y á mis preguntas de marras, ¿Por qué estás tan cabizbajo Con esa cara tan larga, Y esa pluma, que de fijo Debes tener averiada? ¡Por qué estás tan contrariado Y a 3i, tan de mala gana? jPor ventura es que meditas Y te lamentas y clamas Contra el teatro moderno, Que no es corral, sino- -Cuadra Algo de lo que me dices Con ideas fermentadas, Que bullen en mi cabeza Y decirlas deseaba. Medito, no me lamento- -De la moderna dramática, -Yo opino que en este mundo Todo muda y todo cambia; Entiendo que aquellas obras Del siglo que el vuestro ensalza Llamándole siglo de oro. Ya no gustan, ya no encajan. Entre todos los autores De la era contemporánea. ¿Sabes tú cuál me complace Más que nadie? Pues Ayala, Que tuvo por mis comedias Fervor, que en culto rayaba; Pero ya variado el gusto. Convertidas las espadas En el fino mondadientes O la elegante navaja, Y vestidos los mortales Con chaquet ó americana; Modificada la idea Del honor, que fué sagrada BLANCO Y NEGKO En mis tiempos, cuando tanto Al público entusiasmaban El Médico de su honra. De Vallecas la Villana, Alcalde de Zalamea, Vida es sueño y otras varias. Te digo que está el teatro Como merece; y me agrada Ver en Apolo y Felipe Faür burros á las tablas; A veces á los actores Convertidos en gimnastas; Y en el teatro Español, Y en la Comedia y en tara. Los tipos y las costumbres De estos tiempos reflejadas. Hoy por hoy, aun cuando tengo Tan afligida esta cara. Que parece que me han dado Kl agua de Carabaña, Más que á Tirso y Lope, aplaudo Las obras regocijadas De esos autores que escriben Cuadritos que me entusiasman. -No creí nunca, señor- ¡Qué señor, ni qué naranjasl Llámame Perico á secas. -Pues, Perico, no esperaba Escuchar tales conceptos De autor de tal importancia. -Sólo digo lo que es justo; Todo muda, todo pasa; Hasta el mismo Bchegaray, Que es dramaturgo de fama, ICo logra con su talento Llamar la atención que llaman La Gran Via, Aparecidos, Monaguillo y Niña Pancha. Si no fuese yo de piedra Y no tuviera sotana. Cree que iría hoy al teatro Para ver Las Campanadas. -Pero ¡y las joyas aquellas Que son la gloria de España, Y que á tu ingenio preclaro Debemos? -Son antiguallas, Y si tienes valimiento Con las empresas dramáticas, Diles de mi parte que Más vale que no las hagan, Y será un favor que juro Agradecer en el alma. -jDe modo que, contra todo Lo que yo me imaginaba. Por el teatro moderno Bates palmas? -Bato palmas. Ya que el público de ahora De hundir las obras se encarga, Ó, como decis vosotros, Se encarga de reventarlas. Y basta ya de comedias, Y escucha, si no te cansas, El ruego que te dirijo Para que llegar lo hagas A quien corresponda. -Escucho Y apoyaré tu demanda. -Pues, francamente, quisiera Que mi efigie colocaran En otro sitio, pues suelen Venir aquí ciertas pájaras, Y parejas amorosas, Y toda clase de ratas; Y eso de que representen A mi lado, ó en mis barbas. Escenas edificantes, Que en mi tiempo no se usaban, Y yo las esté aguantando Hace más de mil jomadas. Ni me parece decente. Ni estoy ya por tolerarlas. Conque dile á Alberto Bosch Que esto de la raya pasa; Que mande aquí otras parejas, Pero parejas de guardias. Porque si no, cualquier noche Me canso de tanta guasa, Me bajo del pedestal. Me voy á las Trinitarias, Si existe, ó á otro convento; Desparezco en las entrañas De la tierra, y ya no vuelve Mi efigie á ser injuriada. Y adiós; si ves á Cristóbal Colón, el que ahora está en danza, Dile cuánto he lamentado Las fiestas que le disparan, Porque son fiestas de pueblo. Sin que gane, hablando en plata, Con la honra del Centenario, Más que, en la prensa y la cátedra Del Ateneo, unos pocos- -Sabios de cascara amarga- -Le hayan puesto de farsante Y hasta casi de canalla. Que no hay pe- dónde cogerlo, Y lo dejen hecho un mandria. Mas por lo visto es el medio De honrar glorias venerandas Que tienen los españoles Cuando de lo suyo tratan. -Cumpliré mañana mismo Tu encargo. -En Dios y en mi ánima Te lo estimo, y adiós queda, Que ya va á romper el alba- -Y la del alba sería Cuando regresé á mi casa; Copié esta interview, y después, Es claro, me fui á la cama. RICARDO SEPÚLVEDA.