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Eso de los festejos nos ha salido un poquito desigual; pero ustedes, señores forasteros, tendrán la bondad de disculparnos. Es la falta de costumbre. Cuando llevemos celebrados cincuenta ó sesenta centenarios, ya será otra cosa. Algunas de las cosas anunciadas no han podido celebrarse. La fiesta religiosa en San Isidro la hemos suspendido. La función escolar en el teatro Español, se ha suprimido por falta de ensayos. El baile de estudiantes en la Princesa también se ha dejado para otro año. En cambio hemos cerrado á viva fuerza el Congreso de librepensadores. Es una compensación, porque eso no estaba en el programa. La verdad es que eso de los librepensa lores nos revienta un poco. Para librepensadores, ahí tenemos á B o s c h y Fustegueras. Y con él solo hay bastante para hartarnos. De los fuegos artificiales, lo mejor ha sido leerlos en el programa de ellos. Han hecho más efecto impresos que quemados. Yo me he deleitado leyendo: Gran rueda de la fortuna, que se transformará en un mosaico de fuego de clavellinas de 50 pies de elevación, y ascensión de ocho coronas imperiales. Qué hermosura! ¡Clavellinasde 50 pies! ¡Total: dos clavellinas, un oiempiésl ¡Ocho coronas imperiales volando! ¿Y esto otro? Kl templo del sol con una galería de candelas romanas, librando un combate con balas de colores, con fuego graneado, descargas cerradas y fuertes detonaciones. En fin, que no parece sino que Galland, el autor de las 2 fíl y v na noches, ha redactado el programa de los fuegos. ¡Toma! ¡Como que uno de los espectadores se quedó muerto de repente! Aquellos concejales Qrie marcharou á Hatslva, KstAn ya de regreso Ellos y sus maletas. Del fondo que llevaron Traen seis mil pesetas, Couque ha salido el viaje Por cuatro mil quinientas. iVainosI ¡casi de momiol Dios se lo tome eu cuental Vienen ei tasiasmados Be aquella hermosa tierra, Y cu ntan y no acaban Y al que Cí gwn marean Con el relato ameno De lo que han visto afuera. A Bósch le han puesto como Un bombo la ca t) eza. Don Alberto, ¡qué plazas Y qué calles aquéllas, Y qué buen alambrado, Y además- qué limpiezal Y cuánta mujer guapal í Y qué miradas echanl ¿Y la gente? ¡Qué al grel Están siempre de juelga, Y hasta van por ia calle Cantando peteneras, ¿y el mar? ¡Jesús, qué largol En ñn, llega hasta Huelva, Y todo lleno de agua Más limpia que la nuestra. Hemos visto al Obispo Y hemos visto á la Jleina, Y hemos estado en Pales Y luego en ana iglesia Que le llaman La BÁpida, En la que hay uua celda Donde ha vivido un fraile Que se llamaba Archena. ¡Ahí rambiéu hemos visto La hermosa carabela. Don Alberto, ¡qué obra Tan manifica aquéllal A unos lienzos que tiene Colgando de unas cuerdas, Ya les han puesto mote Y les llaman tas velas. En fin, venimos tolos Atracados de fiestas, De mnüsicds, cohetes, Y almuerzos y meriendas, Y brindis y discursos, Y de otras cosas nuevas. jEs mucho lo que ilustra Eso de correr tierrasl Las cuatro mil quinientas. IÉ or mí, que les regalen El piquillo que queda! Resulta ahora que las estatuas que so colocan én la plaza de la Cibeles, unas son más pequeñas que otras. Hombre, también lo habrán sido los sujetos á quienes representan. Por otra parte, ¿uo son las estatuas de yeso? -Pues verá usted como en cuanto llueva se hinchHU las pequeñas y dan un estirón. ¡Hombre! También se hincharán las grandes. -No, señor. ¿Hay más que ponerles un paraguas? El Gobierno ha decretado una investir gación de los actos del Municipio. ¡U ¡Qué asco! Antes proyectan Desinfectar Toda la Gasa Consistorial. Si asi no lo hacen, ¿Qué majo va Aquellas cosas A investigar? Conque lector amigo. Si con calma lo observas, Darás por bien gastada! Sepan ustedes que Zola lleva vendidos 149.000 ejemplares de su última novela. No serán menos los que lean el libro de Taboada Titirimundi, y se regocijen con las Notas alegres de Pons. Pero en Francia el que quiere ver un libro le compra, y aquí el que le quiere le pide prestado. Señores, ¿tienen ustedes la bondad de seguir la moda francesa? E s decir, ¿quieren ustedes hacer el favor de comprar el libro de Pons y el de Taboada? Entre otras razones, porque ya quedan pocos. ¡Y hay que echar fuera cuanto antes las ediciones 1 A. COBZOBEO,