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MADRID MONUMENTAL LO QUE DICEN LAS ESTATUAS EL DOCTOR BENAVENTE EL DEL RETIRO. DÍA DE O T O S o Atardece. Se oyen á lo lejos gritos agudos, alegres risas y voceeillas infantiles que exclaman: Ya vengaf ¡cogida! Enun corro cantan: Yo me quería casar- -con un mocito barbero- -y mis padres me querían- -monjita del Monasterio A poco los niños callan y desaparecen entre los árboles. Anochece rápidamente. Un guarda pasa corriendo en persecución de un perro vagabundo que aulla. Una niña mendiga se acurruca asustada dentro de la fuente seca de los Delfines, al ver como castigan á su compañero de miseria. U n niño con traje de marinero cruza la explanada llamando Pepa ó Papá, pues no se distingue bien la palabra, y sube corriendo la rampa. Los insectos empiezan á chirriar desentonadamente. El viento trae á bocanadas rumores de la ciudad, que asemejan el alentar de la marea baja. Surge la luna inmensa, dorada y mortecina, va disminuyendo de tamaño, se detiene en lo alto é ilumina el jardín. Las figuras de los reyes se estremecen al contacto de la luz blanca y cada vez más viva del satélite. E l busto de Benavente se anima y habla. ¡Bienvenida seas, dulce y callada noche! E l mármol, que es pálido reflejo de la realidad, se anima al resplandor de otro reflejo de la luz que da vida á los seres. E l poeta ve medrar el vago contorno de las estatuas al fulgor de las estrellas. Nosotras sentimos agrandarse nuestro espíritu, obligado á recordar á las gentes lo que fué durante un porvenir siempre mezquino si se compara con lo eterno del sufrimiento á que nuestras conciencias están condenadas si no cumplieron bien su destino terreno. Bajasteis, ilustres compañeras, de lo alto de un palacio que se derrumbaba al peso de vuestra grandeza, y desperdigadas andáis por toda España, recibiendo los latigazos de la implacable Historia. Yo no figuraré en ella; anduve errante, haciendo todo el bien que pude, y subí á este sitio desde el hospital por el voto popular.