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680 BLANCO Y NEGRO clavel color de llamas; ya gira, ya para, torna; ya une los párpados y los abre con total ausencia de las pupilas; una vez se aleja, otra vez se aproxima, otra da excitadoras vueltas en un punto, y todo es arrastrado por la misteriosa cadencia de su cuerpo, que con su ondular desata en profusión de palabras los labios, encadena y llévase consigo los ojos, junta las manos en apasionadas salvas de aplausos, y derrama el delirio por la fiesta, donde, como las lanzas en combate, vibran y se revuelven las interjecciones. Di pronto, dominaaio el tumalto, e? taUan las v 03 eí da una pelea. Son Fachenda y Eafo que acaban el cerrado trato del rucio en trapisonda. -Engañásteme, eadino, que el tal asno es todo un fioo primor, y no pa ásteme un casco siquiera del probete. -Pagúete lo coavenido, y el trato cerróse por cima de los esperavanes del rucio, que no saltaron á tus ojos á lo que eíitiendo. ¡Naide to ue á esa prenda, que las ofensas al burro viénenme á mí por derecho propio y naide premito que le toque al santo pelo! T e n la fiesta en paz. Fachenda, que á lo mejor salto y no sé si te doy. -Pues toma antes de eso para la tu cara. T después de resonar una de cuello vuelto, lianse uno y otro á los codos, en forma de escudo, las chaquetas, y hacen recrugir los muelles de las navajas, abriéndose de piernas en el suelo y empezando mojada tiras myada entre el griterío de la gente y el intervenir de los convidados. Saltando uno sobre otro, con los brazos á la defensa, miden el mal dispuesto empedrado; corren de un extremo á otro los personajes, y los dos furiosos gitanos, aquí rozo, allí pincho, allá, tropiezo, se agitan en lucha desenfrenada hasta dejar correr al suelo gotas, de sudor. E l más diestro encamina bien, por fin, un golpe de navaja, y clava contra la pared á su adversario, que lanzando un imponente terno y haciendo varios relampagazos con los ojos, da de bruces en el suelo revuelto en un raudal de sangre Asi fué como pusieron ambos gitanos remate á este cuadro, sucediendo la escena al rayar el día y á tiempo de resonar en las demis fraguas los primeros repiques de los martillos arrancando al candente hierro salvas de oro, con que los gitanos doblaban á muerto por el compañero fenecido al glorioso envite de navaja. i SALVADOE E U B D A CORO DE FORASTEROS Habernos venío Allá desde lejos if tos con el pío De ver los festejos, Y es mucho trabajo Ko verlos jamás. Ni arriba, ni abajo. Ni alante, ni atrás. Si toas las funciones Son cohetes y tracas, ¿Pá qué oartelones Ni pá qué alharacas? A haberlo sabio, ¡Voto va á Colón I No hubiamos salió De VíUamelóa.