Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BLANCO Y NEGBO 679 haber, y lo que ya pasó, sólo por el prurito de tomar Tela en todo entierro y de meterse en lo que maldito le importa. Para dar comienzo á esta mi pintura, forzosamente habré de empezar por los contrayentes; que nunca jamás se yió edificio sin oimiento, árbol sin pie y pleito sin armadores de ütígio. Empezaré por Anaoleta, que á ella habré de dar la preferencia, y d i r é q u e l a moza nació y espigó su talle en pleno y espacioso barrio, dando palique y cantaletea cuanto tierno gitano, chalán farandulero é hijo de madre arrojóle al paso susdecires, que ella recompensó con derroche de cuanto Dios crió, no todo, por su puesto, exornado de aquellos dulces recatos que hacen más interesante á la doncella, ni de aquel miramiento, orden y compostura tan necesarios al expediente. Anaeleta tuvo la fortuna, que fortuna puede decirse, de enamorar, y enamorar de veras, á Aniceto, gitano modelo de agilidad en el yunque, suspirador de amores á la guitarra y embaucadorjrresistible de cuanta persona quisiera oir su chachara, más si la persona consistía en una linda moznela. Feo, á cambio de esas prendas, era, en verdad, Aniceto, á quien la naturaleza habla llenado el rostro de dificultades, el alma de atravesados fines, y había puesto en su cuerpo una ligera curvatura que más acentuaba su fealdad; pero ¿quitn repara en pelillos cuando el corazón dice allá voy si á los amores se refiere, y quién es una moza como Anaeleta paia decir arre allá á todo un rendido gitano de tijera en cinto, sombrero de catite, y macho levantado sobre el yunqíel Sin parar uno ni otro mientes en nada, y Sin meterla mollera en cabalas de este ni de otro jaez, Anaeleta y Aniceto concertaron las cosas como Dios manda, y el barrio entero fué testigo de aquel anocher en que, después de arras j epístolas, salieron de la iglesia y se encaminaron á la fragua, donde habla de festejarse el casorio, según y como coirespondla al mérito y popularidad de los novios. P i c a d o estaba el fuelle en sefial de alegría, y más firme que de costumbre hallábase atado en un extremo de la sala el trasquilado rucho, pasión y gloria del gitano, que mordiendo los granzones de un desportillado jergón, lecho nupcial de los desposados, mostraba en el cuello y en la carona la afiligranada labor de tijera de que era capaz el contrayente, el cual le sembró de arabescos á su sabor, y sobre la parte trasera del animal grahó á punta de tijera uii vistoso letrero que Aecis, ¡Viva rwidueño! JSn el otro extremo de la estancia, una vieja atizaba la candela, acurrucada junto á la hornilla, y el líquido preso en el puchero borbotaba con intenso ruido, como si estuviera ansioso de salir y caer en él estómago de los convidados. Pronto fueron éstos apareciendo y colocándose en tarugos de madera sillas desportilladas, y acudieron tantas persoJ nas á cumplinientar al feliz Aniceto, que en breve yióse reunido en la fragua cuanto golpeador de yunque, gitano esquilador ó cosa patecida hallábase rociado por el barrio, sin menoscabo de llegar cada cual acompañado de novia ó gitana conocida, que al íinal habría de animar xa fiesta con palabra ó con obra, y dar más rumbo y donaire al espléndido y típico casorio. Allí estaban, dando al aire manotadas y desaforadas vpces, Anacletona, madre de la novia y mujer de Juan Trasiega; Perico el nerxero, con su faz enjuta, cuello cubierto de tirabuzones y patillas a la andaluza; la Sinesia, célebre cantadora y tocadora, con su ooesidad exuberante, su rostro pecoso y su lanzada de claveles en el rodete; Felipe tijereta, propietano de otra fragua dci barrio, acompañado de su prole, toda descascarada de vestido y dada de sucias pinceladas en el rostro; también descubríanse a üemigio Jitquilapelo; colocado ceica de su novia, á la cual colgó mas boietadas en el rostro que i fluies puso eua en hu peinado; Medlaviaa, con tijera al cinto, chaqueta acairelada y pecheia á ramos; Kufoy i. achenua, ambos deiítiei- MMu soüre el trato de un burro con acaloradas voces que prometían acabaí en trapisoiida: toaos alaraeaban eii rumbo y galiaidia, y entre todas las personas destacábase la de Aniceto, que, bajó él sombrero de catite sembrado ae morillas, luc a uu cuello de camisa lleno de ringorrangos, chaqueta con ramo de trencillas á la espalda, faja color de luego qae asumaua p o n a cüaqueta, maiigas aoíertas en las muñecas y cuajadas de botones de plata, j por uiumo, paiilalóu ue jíimensa campana que dejábale el pie a cubierto, y que iiamliokábase doblándose en largos pliegues cada vez que él gitano daba uu paso, con la mano en la cintura, haciendo ver á la concurrencia que él eia Aniceto, mozo de encasiillada importancia y peí sona toaa eila de valer desde la punta dei zapato hasta la punta del sombrero. Ande la broma, lléname este vaso, dame ese mendrugo, echa acá esa tajada, y caiga la sangre de Cristo en las copas, que todo ha de ser danza y marimorena, y no ha de resonar otro grito que el de n- Zíi fjpa Cucharada al plato, cuscurro a las encías, trago á la garganta, la fiesta bulle y resuena, hasta que por fin sale de la fragua al ancho patio, y cada cual toma asiento á la oriental t n el suelo, Canta él novio acompañándose de las palmadas de la concurrencia. Tanque, martillo y fragna Bompen los metales; 1 juramento que yo á ti te he ecAo- lío lo rompe naide, y lánzase la novia al centro del circulo de personas describiendo las primeras evoluciones del baile. Su cuerpo, templado, como instrumento músico, por el amor, vibra y ondula adelantando ó retrocediendo, y tan pronto- ciérnese con movimiento monótono, como labra y trenza con la punta de los pies una á modo de gitanesca cadenela, en cuyo tejido entran los golpecillos dados sobre tierra. La euitarra, en tanto, calla misteriosamente gimiendo con sordina, y las palmadas repiquetean y csen en el mismo punto y centro del compás, y las voces y el jaleo ponen fondo y algarabía á la danza, que la gitana labra y labra adoptando posturas y apasionados engallamientos de paloma. Ya dobla y arquea sobre su cabeza eí serpentino brazo, que encierra sti cara en torneado marco de bronce; ya lo desdobla y llévalo en columna salomónica por el aire; ya saca el apretado busto y lo muestra y pone de relieve las veladas ánforas delamor; ya se tuerce de uu lado y Va en artística postura como galló que tiende y anastra el ala por el suelo; ya hace parada de pronto como desafiando los aires, y levanta y coloca en posición de diosa la cabeza donde tiembla un remecido