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BLANCO Y NEGRO la marcha fúnebre de Chopin las enajenaba de alegría. Un zapatero que habita enfrente de mi casa, se ayuda á machacar la suela, y se acompaña en el claveteado con el cante flamenco y el Dies Irce. El mismo canto, la misma pieza instrumental que en otras ocasiones nos han electrizado (valga la palabra por una vez) en algana nos entristecen. Es que nos recuerdan algo agradable, ya perdido, y la asociación de la idea con la música lios conmueven. Pensamos en un pasado, puesto en música, y nos encontramos con un presente, siempre peor, aunque musificado también. ¡Esto lo oí con ella! -Cuando tocaron eso en San Sebastián, recibí la letra de Cuba, hace tres años, y hoy no tengo ni una perra que pueda decir que es mía. Cambios de fortuna. Hay géneros á la medida en la composición. Asi, un celador de este Ayuntamiento ha compuesto unas ordenanzas municipales en verso variado, como dice en las listas de platos en cualquier resiaurant: Fritos variados. El autor, Ó sea el delegado de carruajes, aplica á los asuntos alegres las seguidillas, las anacreónticas; para el servicio de tranvías, los sonetos; para acompañar los cadáveres, los carruajes de punto. La viuda de Casildo me confesó un día qué era mujer perdida. G 77: -r- i Al pronto me sorprendió. Pero luego me explicó que no podía resistir la música de Chapí, porque soñaba y llamaba á gritos al autor, lo cual que era muy feo. No el maestro, sino el llamarle repetidas veceSi ¿Qué dirá la gente? -me preguntó. -Nada, señora- -respondí. ¡Qué! ¿Ñ o l a co- noce á usted todo el Madrid que recibe y luce? EDUARDO DE P A L A C I O NUEVA Y CHULESCA VERSIÓN DE LA VIDA DE COLÓN. -óyeme; tú que has leio Las historias de Colón, Cuéntame algún sucedió Que me sirva de ittrueión. Eefiere sus aeidetites Y relata sus Tiechwrat- -Pues Colón- -depuso el Dientes- Hizo bastantes diabluras. Metió aT chico en el convento De La Kábida en Archena, Y cafninó con sti invento Por toda Sierra Morena, Un mundo nuevo, obra suya, Ofreció al trono Colón. ¡Buen baúl serial- -Zoruya, Cayn ó te atizo un capen. No era cofre, ni maleta Lo que á la Keina ofrecía; Era una gran plazoleta Mas grande que la Armerlal- ¿Y la Reina? -Prontamente A Colón tomó querencia, Y se empeñó, mayormente, Para el tninfo de la cencía. Muchos arweseí le diól- (Yo que Colón, me las íro. -Y tres barcos le cedió Del estanque del Eetiro. Don Cristóbal y la gente Metida en aquellos trotes, De Palos tranquilamente Se partieron en los botes. Pasaron el Aguador Y apareció en un pantano ITn santo: San Salvador, Que es un santo campechano. Poco después, descubrieron Otras tierras (aún salvajes) Y la vuelta decidieron Liando sus equipajes. Vinieron pues, y Colón Trajo el Mundo; IPuerto Bico; Oro; arrope; un gran melón; Muchos indios; un borrico; Mas de doscientos enanos; Papagayos; berenjenas Y además trajo en sus manos Y en sus pies grandes cadenas. Vaya un cuento estrafalario I Pero á Cristóbal Colón Le arriman el Centenario jSabes tú por qué razón? ¿So lo has comprendido, iolol Pues porque era tan rebueno Cristóbal Colón, que sólo tragaba pan decentenol EAPAEL CAMPILLO.