Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
674 BLANCO Y NEGRO Siemore habían sentido los castellanos la ausencia de sus reyes; recordaban la fatal expedición de Alfonso el Sabio cuando pretendió la corona del mismo Imperio: temían el gobierno de una regencia; preveían que habían de verae envueltos en el intrincado laberinto de la política alemana au -uraban, sobre todo, que sus tesoros acabarían de emigrará tierras extrañas, y vaticinábanlo con tanto más fundamento cuanto que tenían ya demasiadas pruebas de la insaciable voracidad de los flamencos. Para recordar algunas noticias referentes á este particular, repase quien quiera el niimero de BLANCO T NBGBO correspondiente al 7 de Febrero de este año. Tío se detuvo e! Rey ante el descontento popular: atropello por todo hasta lograr crecido subsidio para los gastos de viaje y de coronación, como si tratara de iustiíicar la frase del ilustrado historiador Pedro Mártir de Angleria cuando escribía al Obispo de Tuy que el Ca iy, a (llamaba á Chievres- -habla traído al Rey acá para poAer destruir esta viña después de vendimiarían. -Juntó el Rey Cortes, donde, cuando v con quien quiso hubo quejas, protestas y motines; unos procuradores dejáronse ganar por sobornos, halagos ó amenazas; resistieron otros con varonil entereza; algunos fueron desterrados; hasta que, al fin, en sesión de 19 de Mayo se dio por otorgado el ruidoso servicio extraordinario pedido á las Cortes, reunidas primero en Santiago, y trasladadas después á la Coruña, donde, al siguiente día, domingo, ce embarcaron el Rey v su comitiva, y con gran música de todos los ministriles y clarines, recogiendo las áncoras, dieron vela al viento con gran regocijo, y deiando á la triste España cargada de duelos y desventuras Frav Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, que con las anteriores frases recuerda la salida del Eey de España en su Historia del emperador Carlos V, es, sin duda alguna, el que con más curiosos pormenores cuenta lo ocurrido en el solemne acto de la coronación, que fué CTI Aquisgran, aiinque los electores se oponían á ello por decir que allí había gran peste, á lo que replicaron ios de Aquisgran, por no perder sus preeminencias, que la peste era pasada, que el lugar estaba sano y que tenían ya hechos los gastos. Á 21 de Octubre llegó el Emperador á dormir en un castillo, á dos leguas de aquella gran villa, porque la coronación se había de hacer á 22? de 0 etmbre, ái 3, de San Severiuo, año de 1520. Al siguiente día de su llegada al castillo, hizo su entrada, que fué una de las más solemnes del mundo, asi por las libreas y aparato de los que iban con él, de armas, vestidos y caballos, como de los que á recibirle salieron Al otro día, martes 23, á las seis de la mañana, los príncipes electores y todos los demás fueron á buscar y acompañaron al Emperador en la forma y manera que el día antes. Bl Emperador salió vestido de ropa larga de brocado, y un collar muy rico al cuello. LleTÓle la falda Federico, Conde palatino, y salieron á recibirle en procesión los prelados, tomándole en medio para entrar en la Iglesia de Nuestra Señora, los dos arzobispos, el de Maguncia y el de Tréveris, vestidos de pontifical. Llegando asi al altar mayor, el Emperador se tendió á la larga en las gradas, debajo de una rica y gran corona de oro, que como una lámpara estaba pendiente. Después que cantaron las antífonas y dijeron las oraciones de ritual, los dos arzobispos le levantaron y pusieron junto al altar de Santa María, donde habla un riquísimo sitial, y el Emperador oró de rodillas. Comenzóse luego la misa, y dicha la epístola quitaron al Emperador la ropa larga, que era á manera de casulla, tendiéronle otra vez á la larga, en cruz, en las gradas del altar, y cantaron sobre él la letanía. Levantóse hecha esta cerenonla, y el Arzobispo de Colonia (á quien correspondía el derecho de consagrarle) hizole en latín y en voz alta, las siguientes preguntas, á que todos estuvieron muy atentos: -iQuieres tener y guardar con obra? la santa fe que se dio á los varones católicos? ¿Quieres ser fiel amparador y defensor de los ministros de la Iglesia! Quieres defender el reino que Dios te hadado, y regirlo segáulaijusticia de tus predecesores? ¿Qaieresconservar los derechos del reino é imperio, y recaperar los reinos que les fueren usurpados, y disponer fielmente de ellos, en favor y aumento del reino? ¿Quieres ser justo defensor y amparador de los pobres y de los ricos, de las viudas y de los huérfanos? ¿Quieres ser sujeto y obediente á Jesucristo, al rcimano Pontífice y a l a Iglesia, y guardar con toda reverencia la fe que se les debe? -r- FííZfl, quiero, respondió el Emperalor á cala una de estas preguntas. Después, poniendo un dedo de cada mano sobre el altar, confirmó sú promesa con juramento. Preguntó el Arzobispo al pueblo, en latín y luego en alemán, porque el pueblo no sabia latín, si quería. sujetarse á tal principe y gobernador; y pasaron á las unciones, hincándose el E mperador y descubriéndole las espaldas, para lo cual iban ya las ropas partidas. Ungiéronle luego láií junturas de los brazo? junto á los hombros, y luego los pechoa, y luego las manos, y en lo último la cabeza, diciendo. cada vez el Arzobispo: -Untóte en rey con óleo santificado, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Aoab, idis las unciones le llevaron á la sacristía, le limpiaron con algodones, le vistieron de blanco, con las vestiduras de Garlo Magno que tiene la ciudad de Nuremberg, y sólo sirven para esos casos, volviendo así al altar. Dléronle allí los arzobispos una espada desnuda, un anillo y un cetro real, y por último, le colocaron la corona de oro del citado Emperador y le llevaron á una silla de piedra muy rica de los reyes pasados, todo ello acompañado de oraciones y antífonas que recitaban los arzobispos ó cantaba el coro. Acabada la misa volvió el Emperador á su palacio con el mismo triunfo y majestad que había venido á la iglesia. Dispúsose á comer y le sirvieron eon la graadaz que se puede pensar, bendiciendo los tres arzobispos la mesa en que comió sólo el Empe- rador. El mariscal del Imperio sirvió de caballerizo, dando allí púbUcameotede comer al caballo que montó el Emperador. El Conde palatino sirvió de maestre sala y trajo á la mesa una pieza de un buey que habían asado entero en la plaza y estaba relleno de muchas aves, cuyas cabezas asomaban por las costillas. El Conde de sirvió de copero y fué á una fuente que manaba por tres caños vino blanco y tinto, y; trajo uu tazón de ella. En la misma sala donde comió el Emperador comieron los siete principes electores, cada cual en mesa distinta, cóíno fué costumbre, sentándose cada uno después de servir á la mesa imperial en lo que le tocaba. i Es mucho de notar- -dice el obispo Sandoval, cuya relación hemos extractado- -que la coronación del Emperador en Agulsgran fué en eí, i mismo día que se coronó en Constantincpla SMmán el gran turco, por muerte de su padre Sellm, que parece misterio favora ble del cielo cpéiel día que dabau á un bárbaro poderoso, crael y tirano, la espada contra el paeblo de Dios, en el mismo se diese la imperial, católica y Verdadera al mejor Emperador y caudillo que ha tenido la Iglesia. t Cuando Carlos V, abandonado p; r la fortuna, que es una coguet; a y no quiere á los viejos como él decía, viendo frustrados uno tras ítfó. su 3 proyectos, la Francia intacta, victoriosos los protestantes, arruinadas sus reutas y fermentando en machas provincias los gérmenes lá revolución, abdicó la corona de España en su hijo Felipe, abandonó también el iniperio alemán, cediéndolo á su hermano. Aquella suntuosa, magnífica y famosísima coronación costó á España mucho dinero, y mucha sangre; las guerras intestinas que asolaron ííaestro sr elo, la que sostuvo con los protestantes de Alemania, y las cinco que hubo entre España y Francia, cuya enemistad duró dos. slglos n gravísimo quebranto de los intereses y de la integridad de la nación española. TELLO TÉLLEZ.