Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
670 BLANCO Y NEGRO E l estreno de esa comedia se anunciaba con todos los caracteres de un acontecimiento teatral. Primera producción de un joven, demasiado joven, según declan (faltaba poco para qué nos lo presentaran con óhióhonera) el cual adolescente se anunciaba en aquella obra como poeta dramático de alto vuelo. Se decía que D. Gaspar Núfiez de Arce apadrinaba la obra. Se hablaba de la mayor ó menor novedad de la producción, en sí misma considerada, y lo que era más interesante, de la originalidad de El Melaví) en lo que se referia á la persona de su creador, mezclando en ello no sé qué hUtoria Himllana, curiosa y por demás entretenida... Todas esas noticias excitaron en alto grado la pública curiosidad, j había, como digo, al llegar la noche del estreno, verdadera expectación. Esa curiosidad, esa expectación y el éxito grande y merecido que alcanzó la obra, sirvieron á maravilla los intereses artísticos de Antonia Contreras. Aquella niña ingenua y candorosa de El Eselavo de n eitlpa encarnó por manera absoluta en las condiciones de la actriz mencionada, resultando su trabajo más que una interpretación acabada del papel, una creación genial y magnifica del personaje. Aquella niña no podía ser de otra manera, y la verdad asombrosa y la exquisita naturalidad déla Contreras, persuadían hasta el extremo de convertir en realidad viviente i iaellas imaginaciones del poeta. Cuando en las esferas del arte se llega á ese gradc eíperfección, se tiene incuestionable derecho á ocupar puesto señaladísimo entre los qué aspiran con justicia á la gloria y á la inmortalidad. Desde el liiomento de su revelación, la Contreras fué considerada, no como una esperanza halagadora, sino como una hermosa realidad. No era que había sonado la flauta, no; allí había una gran actriz, una actriz eminente... en su género. Pronto tuvieron ocasión de convencerse pof completo los que aun abiigaban algunas dudas sobre el particular. Et Nudo gordiaTwiaé una enérgica ratificación del talento y de las facultades excepcionales de Antonia Contreras. Otra niña ingenua, pura y candorosa, y otro éxito magnífico, mayor aun que el obtenido en El Esclavo de su cnlpa, porque, en honor a l a verdad. El Nudo es muy superior á El Esclavo, y hasta el papel de la Contreras es mucho mejor en la obra de Selles que en la de Cavestany. Los traaos del carácter son más firmes, y es más puro, más simpático y más legítimo el sentimiento de aquella hija lanzada en medio del conflicto dramático y presenciando la trágica desavenenciade snS pedrés, que el sentimiento del amor en los primeros albores de la juventud. La Contreras sentía y expresaba el papel de El Nudo gordiano con una verdad y una delicadeza de que hay pocos ejemplos en la escena española. Cuándo decía, por ejemplo, aquellos versos: ¿Dónde irá tu perla sola Por los mares de la vida? producía en el auditorio un efecto mágico. y no tan sólo en ese pasaje, sino en todos aquellos en que el autor se había propuesto, llegar al púMico y producir efecto con las quejas y tribulaciones de aquella niña desventurada. iiSí dama joven de locura ó santidad fué otra muestra gallarda del talento y de las facultades de Antonia Contreras. Había motivos para afirmar, con datos á la vista, que era la primera dama joven de España, y como tal dama joven, una verdadera eminencia Va fuese por su propia iniciativa, ó tal vez obedeciendo á extraño impulso hijo de las necesidades y conveniencias de bastidores- -que esto no lo sé. -es el caso que de la noche á la mañana la Contreras se hizo primera dama, tirando por la ventana, puede decirse, su brillante reputación de única é incomparable dama joven. jQué error tan funesto para ella y para el arte! Me inclino á creer que esa poco meditada evolución fué hija más bien de extraño consejo que de un deseo propio y personal; en cuyo caso puede aplicársele aquel refrán que dice: iTe aconsejan tus propios enemigos. Aunque por el resultado hay que calificar de esa suerte á los consejeros de la Contreras, justo es, no obstante, dejar consignado que esos consejos han debido nacer de la necesidad. La retirada de la Boldún, y el haber pasado la Mendoza Tenorio al teatro de la Comedia, son las causas determinantes del ascenso precipitado y perjudicial, y contraproducente, de Antonia Contreras. ÍJlla debió negarse terminantemente, si hubiera conocido sus intereses artísticos. Ni por su aspecto, ni por su figura, ni por el metal de su voz, ni por ninguna de sus condiciones, puede sor la Contreras lo que se dice la primera dama íin el convencionalismo teatral hay cosas verdaderamente inexplicables. E l traidor ha de t ííer forzosamente aspecto siniestro y fieramente repulsivo; el oarha, bronca la voz y pausado el tono, y así sucesivamente. Becuerdo á este propósito un hecho que, aunque acaecido hace muchos años, jamás se ha borrado de mi memoria. Ensayábase en un teatro de una capital de provincia una comedia en dos actos, traducida del francés y titulada La Jíerencia de v n valiente. En una de las últimas escenas de dicha obra se presenta Napoleón 1. Yo, que he tenido desde muchacho esta picara afición (que conservo) á los escenarios y á los bastidores, asistí á los primeros ensayos de la producción mencionada, y cuál no fué mi sorpresa al ver que el papel de Napoleón lo ensayaba Tro. jastialcie de seis pies de estatura, ancho y fornido como un gigante. Compadeciendo de todas veras al director de la compañía, y queriendo darle una lección, hube de decirle: -Pero, hombre de Dios, usted no sabe que Napoleón 1 fué pequeño de cuerpoí ¿Cómo se atreve usted á faltar á la verdad histórica dando ése papel á una especie de gigante? A lo cual me contestó con mucha calma: -La inmensa mayoría del público no sabe una palabra de histoTÍa; pero ha oído hablar de Napoleón el Grande, y e a grandeva ha de entrarle por los ojos. El teatro es así. La verdad, en muchos casos, produciría un efecto lamentable, contraproducente y negativo. Tenía muchísima razón aquel director de escena. La verdad teatral es una cosa, y otra muy distinta la verdail absoluta. Por lo c o a l y volviendo á mi tema- -la Coutreras es una eminente dama joven, una actriz sin rival en aquellos papeles de Dina que eran el encanto y la delicia del público; pero de ninguna manera una primera dama. Así y todo, vale más que muchas que convencen plásticamente. Y perdonen ustedes el modo de señalar. CÓKCHOLIS.