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BLANCO Y NÍG 0 667 ticular p en el tranvía. E n verano se aclaran mucho las filas de estos paseantes; el veraneo me quita casi todos los clientes; pero en otoño y en invierno viene por este sitio medio Madrid: vamos, el medio Madrid que pasea, porque hay muchos vecinos á quienes no les queda tiempo para pasear. Y entonces, entonces es cuando tengo ocasión de oir grande cosas, y frases divertidas; yo me estoy aquí, muy serio y, muy ileso, como si no oyese una palabra; pero la risa me retoza por todo- el cuerpo al oir cómo se poneii los políticos unos á otros, que no hay pordonde- agarrarlos. Lo qile me enoja es que los subalternos murmuren de los príncipes de la níilicia; eso no está bien, y ¡vive Dios! que como yo pudiera no lo toleraría. Como no toleraría ¿qué había yo de tolerar? que se codeasen con mis antiguos compañeros de armas, con los que pelearon conmigo en tantas acciones de glorioso recuerdo, con los que estaban á mi lado cuando una bala enemiga puso fin á mis días, los que entonces eran nuestros adversarios; los qué- luchaban contra nosotros; los. que tanta sangre de nuestros amigos derramaron, y que hoy tienen en el ejército grados, cruces, condecoraciones y bandas, como podría llevarlas yo si viviese y me gustaran ésas cosas. Y es que, según he podido, píjlégir, los carlistas se han veiiido con nosotros, aunque sin dejar por eso de ser carlistas. Ahora están aquí, á nuestro lado, las honradas niasas y vari ai Parlamento; y echan discursos, y se meten en los Ayuntamientos j y en el Congreso, y en el Senado, y en las oficinas, y en todas partes; y en todas ellas combaten á los liberales; lo que antes hacían en los campas de batalla, hácenlo ahora en los pasillos de los Cuerpos Colegisladorés. ¡Qué cosas! E s indudable que todo degenera, hasta el carlismo... Y eso que parecía imposible. i Pues si ya s í a carlistas federales! Uo hay como vivir para ver. Por las noches... me duermo para no ver lo que por estos sitios sucede; no es para visto. Cuando me aburro soberanamente, es cuando llegan las carreras de caballos: ¡ay, ay, ay! se espectáculo exótico me crispa los nervios; es decir, me los crisparía si los tuciese; por fortuna el espectáculo no arraiga, y ahora las gentes, cuando quieren tirar de la or ct á Jorge, s, van á Jai- Alai ó á Fiesta Alegre. Ésto matará aquéllo. He dicho antes que la vecindad era excelente y me ratifico: en rededor mío, hotelitos (así se dice ahora, y yo no voy á modificar el lenguaje desde el otro mundo) en que habitan personas dinerosas, pero honradas; y allá, donde señalo con el dedo viven uno de los famosos oradores de nuestro Parlamento, Cristina Martos, y una actriz eminente, gloria de nuestro teatro, María Tubau. La cual María Tubau, además de ser gran Sictriz, es ha na, señor y mvjer muí guapa; ya, fSÍ si es guapa! Yo, en mi condición de difunto, puedo decir esto sin que se enfade Ceferino Palencia. i Y aunque se enfadase! A. SÁNCHEZ, PÉREZ. NOTAS CÓMICAS, POR CILLA LA GUÍA DEL JUGADOB. EL AKOA DEL LÍO EN DANZA. VOLANTES f O VOLANTES, CARTAS N SON CARTAS... -Sí quiera nsté alternar con baeaa gente T de pasar el rato tiene ganas, Yo cánozgo muy decente Dond, juegan sin puertas ni veatanas. -No h. ag uá té caso y mirusté el pelaje, T deje aseé esa casa por la mia, Qae 3 casino qae tiene un presonaje 17 la de ese gacha ni está en la Guia! J Est e apante lígerisimo EsJa parodia de nn cuadro Que está en las FiUeaas, jntito A bi Sila de abogados; T que at alcalde ofrecemos For si quiere colocarlo Bn la Gasa de la Villa Al lado de sa despacho. ¿P ro era carta ú volante? -iVólantel... -Pues no señor, Sra carta; que lo ha dicho lía persona qáe la vio. -Pues yo lo digo fin verlo. lYolantel. ¿Por qnó razón? -Foes por nna muy sencilla; Porque en. segnida ¡volól