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MADRID MONUMENTAL LO QUE DICEN LAS ESTATUAS LA DEL MARQUÉS DEL DUERO ¿Por qué me han colocado entre Colón y la Eeina Católica? ¡Vaya usted á saber! Pero ¿qué me importa? La verdad es que no estoy mal situado: ellugar es agradable y ameno; el paseo concurrido y la vecindad excelente Me parece que Colón está demasiado alto, o que yo estoy demasiado bajo; y no veo razón para tanto. Ya comprendo que hay mucha distancia entre descubrir un mundo y combatir á los carlistas; pero, asi y todo, no creo que esté justificada esta diferencia de alturas. A bien que si D. Cristóbal está más alto, su pedestal es menos sólido y menos macizo que el mío. Esto es un pedestal y esto es un caballo; ¡demonio, si tiene vientre mi cabalgadura! No, y lo que es á la larga resulta molesto montar animales tan abultados de abdonc i. Lo de hallarse próximo al santo suelo, tiene sus ventajas; el día menos pensado, y cuando me canse de sufrir los rigores de la intemperie echo pie á tierra, doy un saltito, y ¡zas! cátame en el paseo: difícil habría de serle á mi vecino el amigo Colón, hacer otro tanto; obra dé romanos seria para él bajar de esa especie de cucaña á la que se ha encaramado; y no digo nada de lo aburrido que estará el pobre sin poder, aunque con afán lo procure, oir una palabra de lo que hablan los concurrentes á esa plaza, que, según tengo entendido, llaman ahora paseo de los Imbéciles, ó cosa parecida. Jin esa parte estoy mucho mejor: todo lo veo y todo lo oigo; casi casi formo parte de los que pasean; soy uno de tantos; y como además hace tan poco tiempo que abandoné el mundo de los vivos, conozco á casi todos, y estoy aquí lo mismo que en mi casa y como entre los míos. Por las mañanas, en los coches del tranvía del Hipódromo, veo caras conocidas; las de los pretendientes mismos que ya lo eran cuando yo no había ascendido á la categoría de difunto con estatua ecuestre; los hombres de negocios que me asediaban en vida, van y vienen en sus carruajes con erpropósito de asediar a otros. A la tarde varía la decoración: los que transitan por aquí ya no son hombres del negocio, ni pretendientes; son ciudadanos que paseana pie ó á caballo, en coche par-