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B LANCO Y N B G R O partida serrana ¡Ah! Allí distingo á Rita y á Carmela cogiendo uvas Pues Juanita no andará lejos Echaré por aquí aparentado que no las veo jYque rio es incómodo este pedregal y con el solazo que cae! Pero. ¡Dios! Es la voz de Juanita... Suena ahí, en ese recodo de la viña, detrás de los fresnos Se oye también un acento hombriino... Me acercaré con cautela... jQué carcajadas! ¡Á ver! Pero ¿qué demonios hacen? Han 665. colgado un racimo de la rama de un á r W y lo atacan sin valerse de las manos, arrancando á bocados las uvas Melofiguraba. EaAlberto... ¡Claro! El racimo oscila: Por supuesto qué en una de esas se encuentran las caras ¡Y el juego les complace de verasI... í: jQué manera de reir! Pues, señor, lá más elemental prudencia aconseja tocar retirada. Á buen entendedor ¡Achís! Maldito solli. ¡Me han descubierto! Es imposible la fuga... IV- -Llega V. tarde, D. Pablito... ¡Uf, conque intención lo dicen! Pero ¿qué diablos están VV. haciendo? -Pues nada. Alberto y yo que apostamos á quién comía más uvas más de prisa sin apelar á las manos... Yo he vencido Porque yo no he apretado por consideración, Juanita- ¡Sí, sí, dése V. tono! El derecho del pataleo ¡Hermoso día! ¡Y qué buenas estaban las uvas! El albillo, sobre todo, es una- pura miel, ¿verdad, Kita? -Á mí me han parecido; más sabrosas las mos- cáteles, Carmela... Yo declaro, como me llamo Juana, que todas me han resultado de almíbar ¿Y á V. Alberto? -Xio mismo P u e s las mamas y D. Norberto se han dado un magnífico hartazgo... ¿Y el insigne D. Pablito? Ah. yo he sido eL único desgraciado de la expedición! ¡No he encontrado más que agrá- ees! ALFONSO PÉREZ NlEVAv