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660 ÉLANCO Y NEGRO Un día se cayó mi mujer al mar. Un bañero, que estaba á mi lado, me dijo: -Si me da V. una propina, la saco. -Si no la sacas, te doy dos- -le dije. E n fin, unas almas caritativas la salvaron. ¡Aborrezco las almas caritativas! Llegó el día del regreso. El andén estaba atestado de viajeros. No encontrábamos asiento. ¡Qué bullicio i i Qué conlasión i Al fin nos empaquetaron. Echó á andar el tren. ¡Gracias á Dios I Ya no me quedaban más que veinticuatro horas de suplicio. A las pocas estaciones abren la portezuela, entra un sujeto y dice: Los billetes! Busca de aquí, busca de allí- Pero, señor, ¿dónde está mi cartera? ¡Nada 1 nada! ¡Me la han robado! ¿Y V. ¿Me da V. los billetes? iío los tengo! ¡Me han robado la cartera I- -Pagará V. doble. -Pero, señor, ¡si me han robado I- ¿Y á mí qué me cuenta V, í o cumplo con mi deber ¡Bonito viaje 1 En fin, ¡con tal de que á mi mujer no le salgan los granos en Octubre! un pito, un silbato, y tras toda esa música, echa á andar el tren. Adiós mi Euperta I Se quedó en el sitio 1 Llegamos á San Sebastián. Mis hijos lloraban. Ay mi mamá 1 Qué será de mi mamá I Yo maldecía de los veraneos, y de las aguas del mar, y de las de la tierra Puse un telegrama: Al Jefe estación X. -Esposo señora quedada en tierra ruega se la remitan primer tren. El Jefe fué fino; me contestó Tranquilícese. Doña Euperta está contenta y buena. Irá (en próximo tren mercancías. Llegó; como era peor incomodarse, callé, y nos echamos á bascar casa. Al más pintado le doy la tarea. Toda una maBana anduvimos de zoca en colodra. Al fintropezamos con una habitación alta de piso, baja de techo, escasa de aire- -Para los días que vamos á estar- -decia Euperta- -buena es. Luego, la casa era una ganga si se tenia en cuenta lo caro que estaba todo. Como la Eeina se hallaba veraneando! Y eso también se paga. Quedó el trato hecho. -Cada persona cinco reales diarios por casa y cama. -Tomaremos dos camas- -objeté yo. -Pues á diez reales cada cama. -Tomaré una sola. -Entonces, veinte reales. ¡Vaya! Llámele V. hache. -La luz aparte. -Baeno. -La cocina aparte. -Bueno. -I Traerán W cacharros? So los traemos. -Pues eso se paga aparte. ¡Vaya, por Dios! ¿Guisará la señora? Ay liyo. no! -dijo Euperta. Pues el guisar aparte. -Señora- dije, -se parece V. á algunos escritores que yo conozco. -j Por qué? -Porque no hace V. sino párrafos cortos. Cada cuatro palabras punto y aparte. Ay I i Qué días hemos pasado I E l pan caro, la carne cara, el pescado caro, la fruta por las nubes, las patatas al precio del jamón, el jamón al precio de las esmeraldas gruesas. jY molestias? Á las doce del día nos asábamos, de calor, á las diez de la noche, escalofríos: cerrábamos las ventanas, y la alcoba parecía un homo; las abríamos, y era la Venta de Mal Abrigo. Eso sí; música de mosquitos y estocadas de ellos i á cuerpo qué quieres! Acabo de llegar á c a s a y la portera, tartamudeando y poniéndose lívida, echa á llorar y dice: -I Ay! I Don Celedonio de mi vida! ¿Qué ocurre? -i Ay I ¡Una desgracia, y gorda! -Hable V. -Hace dos días que hemos encontrado abierta la puerta del cuarto de V. ¿Y qué? -Que han entrado ladrones en él. ¡No me llega la camisa al cuerpo! Y qué se han llevado? -No lo sé, porque no sé lo que había. -Pero, bueno, ¿qué han dejado? -Como dejar... no han dejado ni los clavos. -Pues los clavos para nada los necesito. ¡Ay! ¡Qué desgracia! -dice Euperta. -Mira, Kupertita- -digo yo, -vamonos á San Bernardino, y allí esperaremos hasta el verano próximo, en que emprenderemos otro viaje porque, hija, todo puede darse por bien empleado con tal de que al llegar el mes de Octubre no te. salgan á ti granos. MANUEL M A T O S E S w -t- ¿l c?