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Perdonen ustedes que hoy por excepción sustituya el Un poco de todo con estas impresiones que la época ofrece. Hoy por hoy, Colón lo es todo. L o invade todo. Diciéndolo asi en casa de unos amigos me ha dicho la señora: ¿Qué si lo invade todo? ¡Hasta en la cocina he tenido que poner camas para los forasteros que se han refugiado en mi caoa! Un poco de. Colón! reliquias: una saboneta de oro, una sortija de esmeraldas, los pendientes de bri- liantes, la capa nueva del año pasado, los cubiertos de plata E s lo que dice uno de mis amigos que tiene en su casa una tribu de Beni- Azuqueca. ¿Pues me quiere usted decir lo bien que yo estaríasi no se hubiera descubierto América? ¡Ira de Dios! E n estos dias, y aun en estas noches, están oon el alma en un hilo todos los que en Madi- id tienen casa y en esos pueblos de Dios amigos. Guando más descuidados están, suena la campanilla y dicen como en una zarzuela que heoido no sé dónde: Suena, campanilla, suena, Que me suenas en el alma. Y en efecto; allá se entran y lo invaden todo un alcalde, un secretario un cura, un juez, un albéitar, diciendo á voces: -Tantas veces nos ha dicho usted que aquí teníamos una casa y un amigo á quien mandar, que aquí venimos á mandar en el amigo y en la casa. ¡Conque á ver dónde dejamos estos baúles! -Con mucho gusto- -contesta el agraciado. Aparte. ¡Maldita sea vuestra estampa! Por supuesto, vienen sin pretensiones. -Y a q u e estamos aquí, dicen, queremos verlo todo. Conque ya estás buscando papeletas para ver la Arraería, y las Caballerizas, y el Museo Naval, y el Museo de Pinturas, y el Museo Arqueológico, y el Museo Anatómico ¿Teatros. ¿Circos? Quieren verlos todos, hasta el de Colón, ¡Hombre! bueno fuera venir poi- causa de Colón y n o ver su propio circo. ¿Cafés? Hay que ir á todos: al café de Colón lo primerito. ¡Qué hombre aquel! De todo entendía: de circos, de cafés Eso sí, salen los festejos por una friolera. Como los forasteros son seis, y usted uno, siete, y la esposa de usted una, ocho, y los chicos de usted dos, diez no hay escape: cada noche diez entradas de paraíso, diez pesetas; al retirarse ácasa, diez cafés con propina, un duro y asi sucesivamente. Y todas las mañanas van á parar á la casa de présta- aios los recuerdos de familia que usted guardaba como trenerandas H a de contar usted con que la industria no se duerme en las pajas, y no se acerca usted á. un escaparate donde. no provoque su atención un articulo elaborado en honor del insigne genovés. Hay caramelos de Colón, bizcochos Colón, pastel i t o s á la Colón, madapolán Colón y salchichón Colón, qué és. ya llevar las cosas á la exageración. Nosotros, es decir, y o no, los cpmerciantes. son así. Ayer todo á Peral, hoy todo á Colón: mañana, Dios dirá. Un industrial ha tenido una idea feliz. H a fabricado unos bustos de Colón con chocolate, y ha llenado el escaparate con este letrero: C O L O N E S A 0,50 El industrial me explicaba su ingeniosa idea, diciéndome: -Ya ve usted. ¿Quién nos trajo el chocolate sino Colón? Así es que haciendo sus bustos con el producto que él nos trajo, rindo un tributo á su talento y otro á su hallazgo. -Bueno, le contesté; pero un sobrinito mío que hace dos días ha venido del Campo de Criptana, se lleva comidos diez y ocho ejemplares de Colón sin dejar rastro de ellos. Es decir, rastro sí deja, pero donde no debiera dejarle. Y si ustedes averiguan por el qué díason losi fuegos, y qué día son las músi- cas, y qué día saldrá la cabalgata ¡pago doble! A mí no me gusta meterme en chismografías, pero ¿han visto ustedes el cartel- programa que ha obtenido el premio del Ayuntamiento? Lo primero que Observo en él, es que como programa es lo más inútil que puede darse, sin duda porque le han impreso cuando el Ayuntamiento aun no había decidido qué festejos pensaba hacer. El programa me parece un mmü de fonda de capital de provincia. Yo no las tengo todas conmigo. La gente va á quedar harta de Colón, de su Centenario, de D. Antonio Cánovas y de D. Alberto Bosch. ¡Y este último si que ha descubierto la América! Aun no habían comenzado las fiestas y ya oía usted decir a l a s gentes: ¡Qué ganas tengo de que se acabe el, Centenario! Todavía esperó que un grupo dé esos que se sublevan al grito de ¡Abajo los consumos! se eche á la calle pidiendo la cabeza de Colón. El caso es que esto último quizás conviniera al propio interesado, es decir, á Don Cristóbal. Porque ¡vamos! si hubiera muerto hecho cisco, ¿áque no le hubieran negado la entrada én el santoral? U ttma kora: iHay crisisl Dicen que entra Colón. ¿Que entra? ¡Chica! ¡Echa el cerrojo! ANDRÉS CORZUELO. Á