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BLANCO Y NEGRO De la ciencia dudaron, y creyeron Que. por mares sin límites ni orillas Navegaban y al fin se revolvieron; Tornar la prora hacia las dos Castillas Más de una vez en su pavor quisieron Pero yo en el timón puesta la mano Seguí mi rumbo por el grande Océano. Una noche que en pie sobré el castillo Del alta popa con afán velaba, En lejano horizonte hirióme el brillo De una luz que á una estrella semejaba; Fijé en ella mis ojos... y ¡me humillo Ante Dios! era luz luz que vagaba. ¡Tierra! gritó al momento la voz mía, V... ¡tierra vieron al romper el día! ¡Estaba allí la tierra y habitada! Cubierta de verdor, resplandeciente Con sus galas de virgen, alumbrada Por el sol de los trópicos ardiente. ¡Oh de Castilla Reina venerada! ¡Allí vuestro pendón flotó al ambiente Del indiano archipiélago profundo, Y allí la Cruz del Redentor del mundo Elevamos también! Reina y señora De una tierra sois ya, cuyas montañas ue el can abrasador activo dora, cuitan plata y oro en sus entrañas; Aves pintadas hay de voz canora, Y allí tenéis y tienen las Españas Á la orilla del mar, para cogerlas. En rocas de coral, valiosas perlas. A vos la rica, la sin par matrona, España debe tan feliz portento; Por vos Colón á la abrasada zona Llevó sus naves con seguro aliento: Sin joyas se quedó vuestra corona... Pero otras de más brillo y valimiento Os traigo yo de la región extrema Para adornar vuestra imperial diadema. 653 8 TOMÁS RODRÍGUEZ RUBÍ. LA MUERTE DE CRISTÓBAL COLÓN (CUADRO DE D. FRANCISCO ORTEGO) ESPACHADO SU hermano el Adelantado para ir á besar las manos á los Reyes nuevos, agrávesele más al Almirante su enfermedad de la gota por el aspereza del invierno, y más por las angustias de verse allí desconsolado, despojado y en tanto olvido sus servicios, y en peligro su justicia, no embargante que las nuevas sonaban y crecian de las riquezas de estas Indias, yendo á Castilla mucho oro de estas islas, y prometiendo muchas más de cada día; el cual, viéndose muy debilitado, como cristiano (cierto que lo e r a) recibió con mucha devoción todos los Santos Sacramentos, y llegada la hora de su tránsito de esta vida para la otra, dicen que la postrera palabra que dijo, fué: In manustuas commendo spirilunt n- eum. Murió en Valladolid, día de la Ascensión, que cayó aquel año á 20 de Mayo de 1506 años. Llevaron su cuerpo, ó sus huesos, á las cuevas de Sevilla, monasterio de los Cartujos; de allí los pasaron y trajeron á esta ciudad de Santo Domingo, y están en la capilla mayor de la iglesia catedral enterrados. Tenia su testamento hecho, en el cual instituyó por su universal heredero á ID. Diego, su hijo legítimo; si no tuviese hijos á D. Fernando, su hijo natural, y si aquél no los tuviese, á D. Bartolomé Colón, Adelantado, su h e r m a n o y si no tuviese su hermano hijos, á otro su hermano; y en defecto de aquél, al pariente más cercano y más allegado á su línea, y asi para sieiíipre. Mandó que habiendo varón nunca le heredase mujer; pero no le habiendo, instituyó que heredase su estado mujer, siempre la más cercana á su linea. Mandó á cualquiera que heredase su estado, que no pensase ni presumiese de menguar el mayorazgo, sino que antes trabajase de lo acrecentar, mandando á sus herederos que con sus personas y estado, y reatas de él, sirviesen al Rey y á la Reina y al acrecentamiento de la religión cristiana. Dejóles también obligación de que todas las rentas que de su mayorazgo procedieren, den y repartan la décima parte á los pobres en limosna. E n t r e otras cláusulas de su testamento se contiene ésta: Al Rey y á la Reina, nuestros señores, cuando yo los servi con las Indias; digo serví, que parece que yo por la voluntad de Dios, nuestro Señor, sajas di como cosa que era mía. Puédolo decir, porque, importuné á sus altezas por ellas, las cuales eran ignotas, y escondido el camino, y cuanto se habló de ellas. E para las ir á descubrir, allende de poner el aviso y mi persona, sus altezas n o gastaron J