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648 BLANCO Y NEGRO bendijeron el mar y los buques, abrazó á su hijo, que dejaba á los cuidados de F r Juan Pérez, y se embarcó en el mayor de los tres barcos, la Santa María. Enarboló la insignia de Almirante de un océano ignorado y de tierras desconocidas. E l pueblo de los dos puertos y de la costa se agrupaba en la playa para asistir á la partida de una expedición q u e según las preocupaciones populares, no debía volver. E r a un ¡adiós! de separación eterna, más bien q u e una despedida con la esperanza de volver á verse. E n la multitud habia más tristeza que esperanza, más lágrimas que aclamaciones. Las madres las esposas, las hermanas de los marineros maldecían en voz baja á aquel extranjero funesto que habia seducido con palabras fascinadoras el espíritu de la Reina y que exponía tantas vidas para perseguir sus desatinadas quimeras. Colón, como todos los hombres que arrastran á un pueblo más allá de sus preocupaciones, seguido á disgusto, entraba en lo desconocido al rumor de murmullos y de maldiciones. Es ley de las cosas humanas. Todo lo que se hace para que la humanidad progrese, obligándola a m o v e r s e y á adelantar, aunque sea para conquistarla una idea, una verdad ó un m u n d o la hace murmurar. El h o m b r e como el Océano, tiene una tendencia al movimiento y un peso natural para la inmovilidad. De estas dos tendencias contrarias nace el equilibrio de su naturaleza. ¡Desgraciado el que lo rompel ALFONSO D E L A M A R T I N E E L MOTÍN Á B O R D O (DIBUJO DE G. AMATO) FRAGMENTO DE LA COMEDIA EL NUEVO MUNDO DESCUBIERTO TERRAZAS FR, BUYL monje, y MARINEROS. POR COLÓN Descúbrese una nao en el teatro, con la grita que suele hacer una faena y en ella COLÓN y BARTOLOIÜÉ PINZÓN ARANA Arrogante capitán De aquesta engañada gente, Que ya por tu causa están De la muerte más enfrente Que de la tierra á que van, ¿Á dónde por mil millares De leguas, 3 de pesares, Nos llevas muertos mil veces, A dar sustento i los peces De tan apartados mares, ¿A dónde está el nuevo mundo? Fabricador de embelecos Y Prometeo segundo, ¿Que es de los parajes secos? ¿Todo esto no es mar profundo? ¿Qué es de la tierra no vista? De tu engañosa conquista Ya no te pido el tesoro; Deja los ramos de oro. Danos una seca arista. TERRAZAS. Fingirse dioses quisieron Muchos en la antigüedad; Unos la muerte se dieron. Otros, por mostrar deidad, En humo se convirtieron. Tal hubo que hizo tronar, Y tal que pudo enseñar Las aves de dos en dos Que dijesen: Este es Dios; Bien le podéis adorar. Este, pues. Luzbel segundo, Como Dios se quiso hacer; Y mirad en qué me fundo: ARANA.