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li A LA SALIDA DEL PUERTO DE PALOS (CUADRO DÉ DON A N T O N I O G I S B E R T) IsABSL tomó por cuenta de su solo reino dej Castilla todos los gastos de la expedición. Era justo que la primera que había creído fuera la que más arriesgara en la empresa; era justo también qiie la gloria y el reconocimiento del éxito se unieran antes á su nombre que á otro. Designóse á Colón el pequeño puerto de Palos, en Andalucía, para centro de organización de la expedición y para punto; de partida de su escuadra. El pensamiento concebido en el monasterio de la Rábida, vecino de Palos, por Juan Pérez y sus amigos en su primer encuentro con Colón, volvía al punto de donde había salido. ElGuar dián deJaqueümonasterio iba á presidir la organización de la flota y á presenciar cómo se desplegaban sus velas al viento en busca de aquel mundo desconocido, que con Colón había él visto con la mirada del genio y de la fe. Obstáculos numerosos é imprevistos, en apariencia invencibles, se opusieron de nuevo á los favores de Isabel y al cumplimiento de las promesas de Fernando. El dinero faltaba en el Tesoro Real; los buques empleados en expediciones más urgentes se alejaban de las costas de- España; los miarineros alistados para una travesía tan larga y tan misteriosa se, negaron ó desertaron á medida que los iban reclutandó. Las poblaciones del litoral, obligadas por orden Real á facilitar los barcos, vacilaban en obedecer, y los desarmaron por creer generalmente que iban á una pérdida segura. La incredulidad, el terror, la envidia, la burla, la avaricia, la misma rebelión rompieron mil veces en las manos de Colón y de los agentes de la Corte los medios materiales de ejecución, que el favor de Isabel había proporcionado. Parecía que un genio fatal, obstinado en luchar contra el genio de la unidad de la tierra, quería separar para siempre estos dos mundos, que sólo el pensarriiento de un hombre quería unir. Colón lo presidía todo desde la Rábida, donde su amigo, el guardián Juan Pérez, le había dado nuevamente hospitalidad. Sin la intervención y la influencia de aquel pobre religioso, el proyecto hubiera fracasado definitivamente. Reunió el sacerdote á sus amigos de Palos, que fiaron en su fe, én sus ruegos y en sus consejos. Tres hermanos, de apellido Pinzón, ricos navegantes de Palos, sintiéronse convencidos, creyendo oir la voz de Dios en la de aquel anciano solitario. Asociáronse espontáneamente á la empresa; proporcionaron el dinero, equiparon tres buques llamados entonces carabelas, contrataron marineros de los puertos de Palos y de Moguer, y para dar á un mismo tiempo el impulso y el ejemplo, dos de los tres hermanos, Martin Alonso Pinzón y Vicente Pinzón, resolvieron embarcarse y encargarse ellos mismos del mando de dos naos. Gracias á este generoso auxilio, tres buques, ó mejor tres barcas, la Santa Marta, la Pinta y la ÍWK estuvieron en estado de hacerse á la vela el viernes 3 de Agosto de 1492. AI apuntar el dia, Colón, acompañado hasta la playa por el Guardián y los religiosos del convento de la Rábida, que