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642 BLAÍÍCO Y NEGRO hechos y á las obras áí regocijo de las musas) sus Infinitos panegiristas, biógrafos, críticos y comentaristas? ¿Quién no sabe que su famoso libro es, después de la Sagrada Biblia, aquel de que se han hecho mayor número de ediciones en todas las naciones y en todas las lenguas? Limitándonos, pues, á lo que el recuerdo de este día nos impone y la estrechez del espacio nos consiente, y aprovechando la oportunidad que aquel recuerdo nos proporciona, nos concretaremos á reproducir la partida bautismal de Cervantes, que puso término á la competencia de las siete ciudades españolas- -Sevilla, Madrid, Lucena, Toledo, Bsquivias, Consuegra y Alcázar de San Juan- -que se disputaban la gloria de haberle visto nacer; á citar un curioso dato que la casualida 1 puso en nuestras manos y corresponde á un espacio de tiempo en que perdieron su huella todos los biógrafos y á hacer, como remate de estos apuntes, una indicación que juzgamos digna de ser atendida por el Gobierno y por las autoridades, y que seguros estamos, sin embargo, de que habrá de caer en saco roto. La pactida bautismal áque nos hemos referido, publicada por el diligentísimo escritor D. Martin Fernández de Navarrete, se encuentra en el Ubro primero de bautismos de la iglesia parroquial de Santa IVIarfa la Mayor de Alcal 4 de Henares, al folio 192 vuelto, y dice así: Domingo nueve dias del mes de otubre, año del Señor de mil é quinientos é quarenta é siete años, fue baptizado Miguel, hijo de Eodrigo de Carvantes é su mujer Doña Leonor; fueron sus compadres Juan Pardo, baptizóle el reverendo Sr. Br. Serrano, cura de nuestra Señora: testigos Baltasar Vázquez Sacristán, é yo que le bapticé é firma de mi nombre. -M JJi: Serrano. El dato á que hemos aludido refiérese al lapso de tiempo desde fines de 1598 hasta principios de 160 Sii, en que, segán todos los biógrafos, só o quedaban de Cervantes traiioiones, que si bien generales y constantes, no se apoyaban en documentos conocidos. Hace ya algunos años, era el que escribe estas líneas oficial de la Secretaria del Ayuntamiento de Sevilla y prestaba sus modestos servicios en el Archivo municipal á las órdenes de su excelente amigo el ilustrado escritor D. Luis Escudero y Peroso. Revisando, por encargo de este, desordenados legajos de viejos papeles, que por descuidos anteriores habían sido relegados como inútiles, tuvo un d a la suerte de tropezar, entre otros curiosos documentos que se hallaban revueltos y confundidos con muchos que efectivamente ningún valor ni mérito tenían, con un pleito de vecindad de Agustín de Cetina, recaudador de contribuciones formado en el año de 1600, en el que declaraba y firmaba como testigo, vecino de Sevilla, Miguel de Cervantes. Ya por aquellos tiempos, el modesto empleado del Municipio sevillano habia, hecho sus pinitos como escritor, y era admirador apasiona, disimo de aquel ingenio. La emoción que el feliz hallazgo le produjo no es para descrita: tenía ante sus ojos por vez primera la firma in. dubitable del que era su mayor encanto y su más grande admiración; tenia en sus manos el papel por donde se había desligado la del que había escrito el más famoso libro conocido; había encontrado un dato biográfico hasta entonces por todos ignorado y en aquel instante se sintió tan orgulloso y satisfecho, que imaginó no haber otro en el mando que hubiese tenido mayor suerte, ni que habiera hecho descubrimiento más interesante y prodigioso. Al recordarlo hoy, con esa dulce y tranquila satisfacción que causan los agradables recuerdos de la juventud, parece que en su corazón se avivan la admiración y el cariño que siempre sintió por el Príncipe de nuestros ingenios, y de ellos nace la indicación que, sin esperanzas de éxito favorable, quiere hacer para terminación de estas deshilvanadas líneas. Francisco Márquez de Torres, capellán de pajes del Arzobispo de Toledo, refiere- -y casi transcribimos sus propias palabras- -que en 25 de Febrero de 1815, habiendo ido con su señor apagar la visita que á S. I. hizo el Embajador de P rancia, muchos caballeros franceses de los que vinieron acompañando al Embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron á él deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más válidos, y apenas oyeron el nombre de Cervantes, cuando se comenzaron á hacer lenguas, encare, ciendo la estimación en que, asi en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras. Fueron tantos sus encarecimientos, que el capellán se ofreció llevarles á que viesen al autor de ellos, que estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronle muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Hallóse obligado á decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre; á que uno respondió estas formales palabras: ¿Pites ó, tal Iwmhre no le tiene JEspaña muy rieo y sustentado del erario publico? Cervantes no fué más dichoso en vida que en muerte, por lo que se refiere á cómo le ha pagado España la gloria que le debe. Mr. Droap, amante apasionado de nuestra literatura, de nuestras artes, de nuestra historia; efcritor distinguido. y crítico excelente, decía el año 1865 en una de sus notables Cartas cervánticas: D E I. I N G E N I O S O ¿Cuándo llegará el día en que los españoles erijan al Principe de los ingenios un monuhidalgo don Quixote de mento digno de su grandeza y que rivalice con el que Florencia acaba de inaugurar en memoria del Dante? Entiendo que no tardará mucho, ó al menos ya tienen andadas dos la Mancha. partes del camino: empezaron por colocar una modesta, lápida y unpoTjre busto en la casa Captiitlo Primero. Que trata de la condide Cervantes; siguieron por una raqiiitica estatua, y acabarán, yo no lo dudo, por el monu. ción j exercicio del famofo hidalgo don mentó digno y espléndido que de rigorosa justicia se debe al gran escritor. Qjijxúte de la Adancha. -Yo no lo dudo, decía entonces Mr. Droap Yo sí lo dudo, decimos nosotros ahora. El Ayuntamiento de Madrid está terminando la gran plaza, que ya han bautizado, á lo N Vn lugar de ¡i M. inchj, d e que parece, con ei iiomhveperogrtiUeson de Plaza de Madrid. E n su centro han marcado un c u y o n o m b r e n o quiero acorfíarinc no ba mucho liempo amplio círculo que parece indicar el futuro emplazamiento de una estatua. ¿No podría, t ¡uc v i u o vil hidaiíjodc los de mejor dicho, no debería ser ésta la de MIGUEL DE CEKVANTBS, una de las mayores, si no la ían icn aílilicro, adarga aiilimayor gloria de la nación española? gua. rozinfi acó, y galgo c o r r e ¿2 j düi Vna olla de algo mas vaca Los vaticinios de Mr. Droap, optimistas y lisonjeros para el decoro e. -pañol, no se curuj que carnero, falpicon ías mas plirán esta vez, y allí so levantará una estatua cualquiera, pero no el monumento digno y noches, duelos y ciiK- brátos los espléndido que de rigorosa justicia se debe al gran escritor. Sabados. lantcjis los Viernes algún palomino de añadidura los Domingos: oonfumlan las tres panes dcíu Desgraciad- imente hemos llegado á tiempos en que antes que de honrar al genio y de enalbazienda. 1 relio dclli concluían, fayode velarle, tecer á España, sólo se trata, en más de una ocasión, de buscar la gracia y el favor del persocaljas de velludo paíaUs fieñas. coo fus paniuílos d naje adulado ó del heredero agradecido. A lo PRIMERA P A R T E REPRODUCCIÓX FOTOGRÁFICA REDUCIDA DE LA PÁGINA PRIMERA E LA PRIMERA EDICIÓN D E El Quijot TELLO TÉLLEZ. rfk