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Señor de Florete: ¡Ya me es usted simpático! Las cosas que me diue usted en su carta no me mortifican, porque soa verdades como puños, y la verdad no mordfioa á los hombres de conciencia recta. Es cierto que Dios no me llama por el camiao de la poesía; pero hombre, ¡no llame usted poesía á los sueltos que se escriben en verso, sia más propósito que el de dar variedad á esta sección de nuestro periódico! Poesía es otra. cosa muy distinta. ü e alguna de las faltas que acertadamente señala usted en el romance á Thebussem no soy responsable, pero... ¡nada de cobardías! Acepto el castigo por todas ellas. De las negligencias que en mí observa usted, estoy por decir que no me cúrate nuQca. Ya se sabe: genio y figura ¡Si yo leyera todo lo que escribo! Pero no puedo, porque como no rae gusta lo que hago, lo rompería todo y ¡adiós periodismo! -Meaos haré todavía lo que usted me aconseja, cuando me dice: Cohíbase usted. -No, señor; hasta que cohibir sea verbo reflexivo, no quiero cohibirtne Haga usted gestiones para que la Academia le declare tal, y me cohibiré. Hasta tanto up quiero cohibirme, y estoy en mi derecho. Usted ha querido decir reprímase, ¿no es verdad? Lo de afán de manejar él plectro tan poco es cierto. ¡Si en mi casa no hay plect r o! Hay, si, un guitarrillo, en el que uno de mis chicos tañe seguidillas- pero yo no h e puesto la maoo en él. ¿Plectro yo? E n fin, amigo El orete, para dar una prueba de mausedumbre á los que se sublevan cuando se les señalan ripioá, declaro que acepto los botonados de usted, me pongo unas cotnpresas de árnica, y... contintio. ¡Hombre! Vamos á ver si á fuerza de machacar hago versos sin defectos. Y cuénteme usted en el número de sus amigos y compañero (auaque indigno) A. C. Y ahora vamos con otro Aristarco, por que hoy es día de eso. Amigo Yanlcée: ¡Que le vamos á hacer! ¡No hay hombre completo! Usted, por ejemplo, escribe el verbo echar con A; ¡hecha, patas dé demoaio! Por lo demás, las ostras diarias son. 300.000 docenas. ¡Ahíestá el error! ¡En que faltaba un cero! Es decir, 300.000 x 12 3.600.000 Conque no podemos agradecerle á usted más que la intención; pero queda agradecido. -Suyo Oiga usted dos palabra Señor Alcalde: Con andar fumigando Por esas calles Kos dan unos olores Insoportables; y aunqua eso sea sano, Por otra parte, Besulta una epidemia Molesta y grande, Por Dios ¿No hay otros medios líe f amirgarse? ¡Porque el qae á 1i ra se emplea Ko hay quien le agaantel ¡Jesús! ¡Qué pena! Leo en este momento que la cosecha de chaaipagne será este año muy escasa. ¡Hombre, no apurarse! Mientras haya ácido tártrico y bicarbonato de sosa, tendremos champagne. Y- d e la carta que ustedes quieran: blanca, negra, verde, azul Y después de todo, si se perdiera el rastro del champagne, ¿qué se perdería? ¡Echen ustedes cuenta de loa discursos que se han pronunciado con pretexto de que se destapa el champagne! ¡Esa si qiie ha sido cosecha de zi- A los franceses les ha p que nuestro Embajador en apagado demasiado pronto la ilu con que se celebraba la fiesta de allá. Señores, por Dios, es que no anos de economías. ¡Quién sabe si el Sr. Concha habrá ordenado que envíen de cabos devela para aprovecharlT Porque la verdad es que an de dinero. Y peor de luces. e e a Los primeros gabanea Que salen estos días Están alcanforados Por miedo á la poiilla, T hay gente á qnieu el tufo Le sirve de pretexto, Y dice: Como ahora Vengo del extranjero, T aili, como usted feabe, Hay atroz epidemia. Me han fumigado todo Al pasar la frontera. Has, gi el gabán hablara, Diríp: ¡Qué embusterol jSi acabas de sacarme Be la casa de empeñoslx ANSBÉS La casa editorial de Hernando ha puesto á la venta un Manual de la Conversación. ¡Qué ocasión tan oportuna para que algunos concejales, casi todos, aprendan á hablai! Porque la causa de que los días de sesión faltan muchos, no es otra. Dicen: Supónganlos que voy á la sesión; y si voy, ¿qué digo? Ahora, con el manualito, todo queda resuelto. ¡Pueden ir y hasta hablar!