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BLANCO Y N E G R O 633 en miniatura, subiendo y bajando sobré los rails, níerced al grueso cable que una máquina de Yapor recoge ó suelta lentamente. Eeinátala dorada corona, emblema de la majestad real, y cuando los Eeyes están en la playa, el morado pendón del almirantazgo. El balconcillo que la rodea, constituye también un pequeño jardín, cuyas flores renueva á diario un experto jardinero. AlU el hijo de D. Alfonso XII, disfrutando de la apacible sombra de los toldos y de la cariñosa brisa del mar, forma sus ejércitos de soldados de plomo para dispararles los proyectiles que forjan sus dedos de carne, como el día de mañana formará en otros sitios los ejércitos de soldados de carne, prontos á aguantar lluvias de proyectiles de plomo. O bien, revolcando su infantil majestad en el suelo, formainexpugUablesfortalezas de arena, con sus troneras, sus fosos y todo, que una ola lame y destruye luego en un santiamén, A la derecha, las toscas casetas, de construcción primitiva, formadas de cuatro bastidores pintados á la pompejana- -por decir un estilo que también sea primitivo, -cerradas por otros dos bastidores de hoja de lata, para que mejor recojan el calor del sol y se convierta el interior en horno Siemens, y montadas sobre cuatro ruedas que chillan como demonios encadenados, cuando el bañero, al característico grito de ¡aida! (sin música de Verdi) y la diestra arCASETA ARRASTRADA POR BUEYES. rbada del altvMúa, fustiga á los pacienzudos bueyes que arrastran la vetusta caseta, menos misteriosa exteriormente, pero tal vez más digna de estudio (cuando Heva carga dentro) que la que arrastraba Homo conduciendo un mundo de filosofía racionalista en la cabeza de ürsus, y un poema de amarga realidad en la cara de Gwynplaine. Enfrente el mar, con esa grandeza indescriptible que tantas cosas chuscas hace decir á lo? poetas cursis. y detrás el forillo del paseo déla Concha, donde mil curiosos miran PASEO DE LA CONCflA. como entre bastidores el desfile que en la playa verifica el coro general pasado por agua, representando la escena de los espíritus envueltos en sábanas de Roberto el DiaUo. Es la eterna leyenda de la plaja, que se saben de memoria todos los que veranean en la bella Easo. Referirla después en el animado corro de amigos, alrededor del blanco mármol de la mesa de la cervecería, y pronunciar difioaltosamente y con grave detrimento del idioma de Iparraguirre las palabras que se cogen al vuelo, tales como el arratz- aldeun, frase sacramental de saludo en la ucasera de duras lineas y rostro serio, y el arrayoa del fornido boyero, tipos éste y aquélla los más característicos de la raza euskara, constituye, como al principio dige, el tema de conversación de los que vuelven del Norte de tomar el fresco y se resignan á sufrir los horrores del invierno, como Colón los de Centenario. I Ah! se me quedaba en el tintero. Otra impresión de las clasificadas como penosas en el vocabulario de las impresiones traen los que dejan en la monotonía propia de una ciudad pequeña á San Sebastián y en la tranquilidad de los bienaventurados á San Jorge. E l Gran Casino no ha podido abrir sus férreas puertas, enmohecidos los goznes por el rigor de una ley tan dura en la capital de Guipúzcoa, como suave y escurridiza ea todas las CASERA.