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626 BLANCO Y N E G R O Andrés Vesale, que había nacido en Bruselas el último día del aSo 15 U, era hijo de otro sabio de su mismo nombre, farmacéutico de 1 princesa Margarita, tía del Emperador y Gobernadora délos Países Bajos. Todos sus ascendientes se habían distinguido de un modo nota ble en la Medicina y en las ciencias. Su abacio, Ererardo, médico y matemático ilustre, había escrito algunas obras importantes; Juan, s bisabuelo, había sido médico de! emperador Maximiliano y había emp eado gran parte de su fortuna en reunir preciosos manuscritos, y si tatarabuelo, Pedro, no había logrado menor celebridad en el ejercicio de la Medicina. Digno heredero y sucesor de estos sabios, Andrés Vesale, que ya á los diez y seis años daba muestras de talento superior sabiendo el latin, el griego y el árabe, dedicóse en la escuela de Montpeller al estudio de la Medicina, logrando en poquísimo tiempo hacerse admirar por sus corupaaero? y por sus maestros. Pasó poco después á la Universidad de Medicina de París, que acababa de fundar Francisco I, y en ella, contando con la amistad de uno de los profesores, Gonthier d Audernach, que adÍTÍnó el mérito de su alumno, y le nombró prosector ó ayujdante anatómico, consagróse enteramente al estudio de la Cirugía y de ia Anatomía, que en aquella época se hallaba en estado de atraso I lamentable. Las doctrinas y las afirmaciones de Galeno eran para todos los sabios y para todos los médicos artículos de fe incontrovertibles, dogmas fuera de toda discusión. La ignorancia, la rutina y el fanatismo se oponían á todo progreso y á todo adelanto en cuanto se refería á lasuntos científicos. Colón había sido menospreciado y tenido por loco, poco tiempo antes, por contradecir errores geográficos; Galileo, algún fiempo después, fué perseguido y tachado de hereje por contradecir errores astronómicos. Vesale, como aquellos genios, no sólo había de tropezar con la ruda oposición de sus rutinarios maestros y colegas, que juzgaban osadía Inoalifioable destruir los errores que ellos hablan aprendido y enseñaban, sino con el formidable anatema del fanatismo religioso, que declalaba impiedad escandalosa y profanación terrible el abrir los cuerpos humanos. Sólo la Universidad de Montpeller había logrado, como singular privilegio, el que cada año se la concediera el cadáver de un ajusticiado, lio había, para hacer imperfectlsimos estudios. Vesale, exponiéndose á un terrible castigo por amorá la ciencia, se dedicó á ir por las nojies á los cementerios y á los campos de los ajusticiados, y disputando sus presas á los perros y á las aves de rapiña, tomando las mayores leoaaciones y sufriendo las angustias más espantosas como un criminal, lograba de vez en cuando apoderarse de algunos miembros huma, que ocultaba cuidadosamente en su casa, con gravísimo y constante riesgo para su salud y para su vida. si, cuando á los veinticinco años entró de cirujano en el ejército de Carlos V y fué á Italia, centro y emporio entonces de las Ciencias, de Letras y de las Artes, ya llevaba gran número de descubrimientos y de Ideas nuevas que llamaron poderosamente la atención, y sirvieron que el Senado de Veuecia le nombrase profesor de Anatomía en la Universidai de Padua. -En el siglo x v i i era esta la principal es d e Medicina; sus maestros ecaa elegidos éntrelo? mis ilustres y mis sabios. Vesale dice Cuvier, ano desús entusiastas panegiristas, to de los más célebres. Los maestrea más insignes, agrega Blainville, bajaban de sus cátedras para engrosar el número de sus oyentes. C- e. stuvo enseñando sus nuevas y admirables doctrinas desde 1540 á 1548. Llegó su fama á noticia del emperador Carlos V, protector Isiouado de todos los hombres de genio y le ofreció puesto ventajosísimo en su corte y ejército. Vesale lo aceptó, y sabido es que en ningún I tenía confianza ni hallaba consuelo el César español cuando le atacaban y rendían los furiosos accesos de la gota. Intes de publicar Vesale su gran o ora sobre Anatomía, refutando y probando más de doscientos errores hallados por él en los trabajos del Itomista griego, que habla dado la Anatomía del puerco por la del hombre, para prevenir los ataques que su claro talento presentía, creyó Iveniente lanzar á modo de halloii d essai, que dicen los franceses, un Manual de inatomia, que dedicó al príncipe D. Felipe, igún tiempo después, publicó su obra con una carta dedicatoria á Carlos I- -Epístola dedicatio ad Cosarem- -que termina con estas papNo se me oculta, finalmente, que no habiendo cumplido veintiocho años de edad, se me calificará de muy osado por haberme atrevido á isar al médico de Pérgamo. Comprendo que estaré expuesto á la maledicencia de los que, no habiendo estudiado la Anatomía con aplica. constante, como yo, en las Universidades de Italia, han seguido las opiniones erróneas del anatomista griego, y que ahora, consumidos I la envidia y la vergüenza, no pueden perdonar á un joven el haber descubierto y demostrado lo que ellos no hablan visto ni presenI siquiera, siendo viejos en el ejercicio del Arte, y titulándose Doctores de la ciencia. US prssentimieatos se cumpUeroa proato. De tolas pirtes salieron adversarios y detractores. Entre éstos distinguióse por su violencia y Isu saña uno de sus antiguos maestros en la Universidad de París, Santiago Dubois SyU- ius quien dió á la estampa un libelo en el que se i injurias como éstas: Vesale, buscando errores en Galeno y apartándose de su culto, no es más que im orgulloso, im inipio, un caliimI, destir r tn monstruo euyo impuro aliento envenena la Europa. i Acusáronle otros como hereje y sacrilego profanador de cadáSuto llegó la cuestión, que el Emperador creyóse obligado á mandar que abriesen una información, y los teólogos de la ünialmantína fueron, en 1556, llamados á decidir si era ó no era permitido á los católicos el abrir para el estudio los cuerpos humanos, i españoles- -dice un ilustrado biógrafo de Vesale, -más liberales que los enemigos de aquel sabio, asi franceses como flamenjrespondieron que aquello era útil y, por consiguiente, lícito. Ksale, aunque desalentado por el momento, echó al fuego sus libros y papeles, tuvo más tarde ocasión de confundir á sus detractores otras pruebas evidentes. fj (ispués de abdicar el Emperador, siguió Vesale siendo médico de i p e I I Aquel monarca sombrío y asceta, aquella corte ignorante y Rica, en que sólo había supersticiones é intrigas, envidias y orgullo, no era apropiado elemento para el sabio innovador que, después de penosa enfermedad, invocando un voto hecho de ir á Tierra Santa, pidió al monarca permiso para salir de España. Los enemigos del méIbelga aprovecharon esta ocasión para inventar las fábulas más calumniosas. Vesale había sacado el corazón á unindividuo creyéndole pto, y el corazón había palpitado después, á la vista de los espantados asistentes. La Inquisición había condenado á muerte al imprudente y el Eey le había conmutado la pena por el destierro, imponiéndole el viaje á Jerusalén. unos decían que el cadáver era de una mujer; rfirmaban que era de un noble. La fábula ha sido desmentida por todos los biógrafos imparciales, como han sido desmentidas otras no i absurdas que fraguaron Jos envidiosos y creyeron los ignorantes. Valverde, Pedro Ximeuo, Collado, Daza, y otros muchos insignes os españoles, escribieron elogiando el saber y ensalzando la destreza del calumniado anatomista. laUándose éste en Jerusalén, algún tLempo después, recibió expresivo mensaje del Senado veneciano, ofreciéndole la cátedra de Auatoi de Padua, vacante por muerte de su discípulo Falopio. Embarcóse Vesale lleno de alegría, dirigiéndose á Italia; pero el buque, sorpdido por una tempestad en el mar Jonio, naufragó el 2 de Octubre de 1534, y fué arrojado contra las costas de la casi desierta isla de Consiguió el sabio tocar la tierra, después de terrible lucha con las olas, y rendido por la fatiga y por el hambre, dirigióse al iute, donde habitaban algunos pescadores y comerciantes. Enfermo y falto de recursos médicos, murió trece días después en la mayor miseábandono. JTn platero veneciano que accidentalmente se hallaba en la isla, tratando asuntos de su comercio le reconoció é hizo dar sepultura en la lilla de la Virgen, colocando sobre su tumba una lápida con esta sencilla inscripción latina: TüMüLUS A H D E V E S A L I I BRUXBLLENSIS QUI OBIIT IDIBÜS OCTOBEIS AlflíO MDLXIV T A T I S VEEO SU. aE QUINQUAGESIJIO QDUM HIEEOSOLYMIS K i a a s s