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Rn esta disputa Llegaron los ferros Viendo Luz que iba á expirar Su buen esposo Ventura, Se decidió por llamar Inmediatamente al cura Y al médico del lugar. Y con sanas intenciones Y observaciones discretas, En distintas ocasiones Kezaba el cura oraciones Y hacía el doctor recetas. Pues oreo inútil decir Qae en este mundo mortal. Donde es forzoso sufrir, Uno ayuda á hien morir Y otro ayuda á morir nuil. Mas no viendo de buen grado Tanta receta el paciente, Dijo al médico, alarmado: -Me carga, usted demasiado, Y es posible que reviente. Y como al fin he de hacer Mi último viaje en seguida, Señorea, si puede ser, Antes quisiera saber Lo que hay después de esta vida. Yo escucharé sin temor, Y á ver quién mé saca á flote En mi angustioso dolor, Si la ciencia del doctor O la fe del sacerdote... -Era el médico aludido Dado á profanas lecturas, Polemista y descreído, y era el cura conocido Por un modelo de curas. Así que, coa voz pausada. Exclamaron sin recelo. Fijando en él su mirada; ¿Después de esta vida? ¡Nada! ¡Después de esta vida el cielo! -Aqui la fe se destierra Ante la sana razón; Quien tiene más fe, más yerra, Que el cuerpo del hombre es tierra y el alma es una ilusión. ¡Mentís! -con duros modales Dijo el cara, -y no os asombre Qué, ¿somos todos iguales? ¿En qué se distingue al hombre De los demás animales? tIXÍjS