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620 BLANCO Y NEGRO Mas lo cierto es que bien se lian ganado lo que toman en público, en meJio dé sabios, ó concejales, ó artilleros, ó diputados provinciales, ó literatos, ó músicos, ó médicos, ó boticarios, porque para llegar al momento critico del buffet han suírido valerosamente un plantón de dos horas, y han sudado grandemente. Si la solemnidad es cosa de médicos han tenido que oir un par de discursos kilométricos, y se han enterado de loque es el cuerpo humano cuando chiquito, cuando joven, cuando maduró y cuando no sirve más que para que lo Trecoja la Funeraria. Por la noche soñará la madre que Lamedor se le aparece en esqueleto, con el mismo gorro de terciopelo que usaba en vida. El día de la procesión del Corpus no faltan ellas al balcón del Ayuntamiento ó al de algún. Ministerio. Aunque se hayan repartido esquelas, y ellas por caso raro, no las tengan, se presentan, sin. embargo, muy resueltas, y dice la mamá á los porteros: ¡Jesús! Sobre la mesa nos hemos dejado las papeletas; pero todo el mundo nos conocer somos las de Lamedor. Y es claro, ¿quién impide la entrada á unas señoras? Entran, y afectando laudable modestia, no manifiestan mucho empeño en colocarse en el balcón en primer término, porque si tal hicieransaldrian de las líltimas cuando llegara la lióra del agasajo, y las conviene ser de las primeras. Ellas, en puridad, no han ido á ver la procesión, sino á tomar algo, y asi encuentren por allí alo- ún personaje que haya conocido á Lamedor y las obsequie con un cartucho de dulces. ¡Perder ellas apertura de Cortes, inauguración de Exposición, meeling con obsequio, toma de posesión de canónigo, exámenes en colegios de fuste, profesión de monja, función de Sacramental y demás solemnidades en que es de rigor el agasajo! Seria preciso que estuvieran perniquebradas para dejar de hacer los imposibles por alcanzar papeleta Ahora están muy intrigadas con motivo de las fiestas del Centenario de Colón, y leen con avidez todas las noticias que publica La Correspondencia relativamente á las fiestas colombinas. -Me temo- -dice la mayor- -que han de ser fiestas muy sosas. Mucho discurso en las Academias y en el Ateneo, pero todavía no sabemos lo que harán el Ayuntamiento y la Diputación y la Sociedad de Escritores Lo que es esa Sociedad es más roñosa... -observa la mediana. -Dos veces hemos ido á la calle del Clavel, y no. había más que agua. -No sucederá eso en las fiestas de Colón- -apunta la mediana, -porque se va á gastar millón y medio, lo menos. Buenos bufetes pueden dar á las señoras- -dice la mamá, relamiéndose de gusto. Con lo que no están conformes es con que, una parte de las fiestas se celebre en Huelva, en Granada v otros puntos. Todo debia hacerse en Madrid, y las carabelas donde más lucirían sería en el estanque del Retiro. Y allí sí que podía ofrecerse á las señoras i huffet espléndido. Tienen la lista de todos los personajes de mayor y de menor cuantía que han de entender en el Centenario, y ya se han hecho unas tarjetas S íí- o i- H S O í -v í a d 9 e- Xñ vn cí, Ferro, 8o. para las visitas que harán en solicitud de papeletas. Ven un dulce porvenir de yemas acarameladas y sorbetes colombinos, y están dispuestas á oir con toda seriedad el sinnúmero de versos, discursos y herejías de todo género con que se va á festejar á D. Cristóbal, ahora que no puede protestar ni arrepentirse de haber descubierto el Nuevo Muiido, para que se lo pagaran tan malamente. Pensando en esto, dice la madre: ¿Quién sabe si algún día se celebrará el centenario de Lamedor? ¡Lástima de hombre! Si él viviera ahora, ¡de cuántas comisiones sería presidente! ¡de cuántas juntas vice! ¡de cuántos certámenes juez! Estaría en sus glorias, y ya habría descubierto algo ignorado de D. Cristóbal, y á todos los hubiera dejado tamañitos. ¡Ay! Y no tendríamos nosotras que pedir favor á nadie. El mejor sitio en todo loncho, en todo bufete, en todo ambigú, y los mejores dulces y los fiambres más ricos, serian para las de Lamedor. GARLOS FRONTAUEA.