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MADRID MONUMENTAL LO QUE DICEN LAS ESTATUAS DAOIZ Y VELARDE Daoiz. -Puesto que el dios de la poesía lia concedido el oso de la palabra á las estatuas Velaide. ¡Oómo el dios de la poesía! La forma poética está llamada á desaparecer, segiín dicen los sabios modernos. Ahora no hay más que el dios de la prosa. Daoiz. -Sin embargo, hace medio siglo que se decía de nosotros, ó mejor dicho, de nosotras, puesto que somos estatuas: Y á esos que en santo juramento unidos Sobre el cañón se ostentan apoyados, Los vio España nacer: con claro nombre Viólos también morir: YÍctimas fueron Que con su sangre al invasor impío De eterna mengua y maldición cubrieron. Velarde. -Sí, sí, j a conozco esos versos de nuestro compañero de armas, el Conde de Haro, que después fué Duque de Frías y adquirió justa fama de buen poeta y honrado patricio; pero en mi calidad de estatua de mármol soy naturalmente frío y no me entusiasman las exageraciones poéticas. Daoiz. ¿Cómo exageraciones? Velarde. -Exageraciones, sí, señor; y más que exageraciones, complacencias que pugnan con la verdad de los hechos. El Conde de Haro, en su oda A las nobles artes, leída el 27 de Marzo de 1832 en la solemne distribución de premios de la Real Academia de San Fernando, se entusiasma al contemplar nuestras estatuas, y dice: Del Tíber en la margen espumosa, Y al pie del opulento Capitolio, Dióles el arte vida por la mano De un célebre español. ¡Allí debían Con fama renacer! Que alli la planta Humana, cuando á caminar se atreve, De dioses y héroes por doquier levanta Yertas reliquias entre polvo leve. Daoiz. ¿Y qué encuentras de censurable en los versos del Duque de Frías? Velarde. ¿Y tú lo preguntas? ¿Por qué nos ha despojado de nuestro honroso uniforme de artillería el escultor D. Antonio Sola? Daoiz. -La gente dice que para vestirnos de héroes romanos. Velarde. -Pues la gente no sabe lo que dice, porque nuestro traje no es romano ni quien tal pensó. Nosotros, á juzgar por nuestras estatuas, fuimos al Parque de Monteleón en paños menores, y cubiertos por decoro con sendas sábanas de nuestros respectivos lechos. Daoiz. ¿Llamas sábana á la clámide de los romanos? Velarde. -No tal. Llamo sábana á la caprichosa envoltura conque cubrimos una parte del traje de máscara que ha tenido á bien darnos el arte por la mano de un célebre español, según nos ha dicho el Duque de Frías.