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610 BLANCO Y NEGRO ducta de D. Felipe no eran: ciertamente para enamorar á su infortunada esposa, á la que tuvo aislada, pretendiendo, aunque en vano, que las Cortes le autorizaran para reducirla á reclusión, y á la que ultrajó constantemente con sus escandalosas infidelidades, su humillanle desvío y sus crueles rigores. Pero D. Juana, por uno de esos arcanos misteriosos del corazón, y por uno de esos inexplicables antojos del amor, tanto más le amaba cuanto él más la desdeñaba y ofendía. Don Felipe era hermoso, motivando esto el sobrenombre que le dieron sus contemporáneos, y aunque no mucho más joven que su esposa; ésta nada tenía de bella, y sus rarezas, sus caprichos, sus genialidades, y sobre todo sus continuos arrebatos de celos, apartaban más cada día á su marido. E n cierta ocasión estando los esposos en Gante, fué el palacio teatro de una violentisima escena. Andaba D. Felipe en galanteos con una dama de la Reina, flamenca, de belleza: extraordinaria; notólo, D. Juana, y arrojándose sobre ella como una leona, la, agarró por los pelos, como. la más resuella verdulera, y la arrancó uno de los hermosos bucles, que eran el ¡encanto de su marido. Este, por su parte, desentendiéndose también de todas las consideraciones y de todos sus respetos, puso á Doña Juana como hoja de perejil, y hasta se cree que la sacudió el regio polvo, ni más ni menos que hubiera hecho en situación semejante el chulo más des- enfrenado. dad, pertenecientes algunaá a l a Casa Real; entonces no tiñeron de palidez los rostros de los que iban y de los que quedaban el terror de lo desconocido y la desconfianza en el ¿xito de la empresa, sino que ilnnainaron todos los semblantes la esperanza y el regocijo; entonces, por fin, el personaje que iidescollaba, entre todos, por su gentil talante y sa simpático rostro i) no era Cristóbal Colon, el visionario pobre y vagabundo que había corrido de una en otra nación mendigando auxilio para perseguir una quimera; sino Dos Cristóbal Colón, Almirante perpetuo que llevaba en su escudo de armas las armas reales de Castilla y de León, al que los Beyes habían sentado delante de ellos, mostrando orgullo en llevarlo á su lado cuando salian en público, y quien con regia autoridad, llevaba facultades para espedir órdenes con título y. sello real, sin necesidad de acudir al Gobierno. ¿Quién había de decir que aquel hombre era el mismo, que en Noviembre de 1500 había d 6 venir á España, preso en un buque, aherrojado, custodiado, por ceniinelas. de vista y cargado de grillos y cadenas? ¿Quién había de decir que era el mismo que en 1506, enfermo y privado de sus rentas y derechos después de la muerte de su protectora ilustre, tuvo que contraer deudas y que sufrir los desdenes del Eey, muriendo, al cabo, pobre y obscuramente en Valladolid el día 20 de Mayo de aquel año? íío fuá pequeño el castigo que la Providencia ó la casualidad hizo sufrir á D. Fernando, qn en puigó su conducta y su desabrimiento con. el inmortal marino eu la serie decontrariedades y de humil! acio, Estas y otras escenas tan poco edificantes se repitieron en diferentes ocasiones. La muerte de D. Felipe vino á poner término á las calaveradas de éste, pero no á los sufrimiennes q ¡ue, padeció después, viendo tos y á las locuras de D. Juana. á su hija D. Juana declarada Había dado D. Felipe el gobierimbécil é incapaz, viéndose él no del castillo de Burgos á su priatacado, desposeído y vejado por vado D. Juan Manuel acaso quien su yerno D. Felipe, y viendo, en más influyó en los errores y exSn q. ñe los que antes habían sido travíos del monarca. Dispusiésus parciales y afectos, á quienes ronse con tal motivo espléndidas había colmado de distinciones y fiestas en aquella ciudad para cede mercedes, no sólo le volvían la lebrarlo, y quiso asistir á ellas el espalda en tal ocasión, sino que, monarca, dando una prueba más pasándose al bando contrario, se de afecto á su favorito. Era don le mostraban hostiles como sus Felipe muy aficionado al juego de más decididos adversarios, pelota, y después de estar juTuvo, por último, D. Femando gando gran ra o, acalorado y suqife. ceder, después de haber in 1 P J 1 0 i K DON l i- L í E Lr i C t O S) doso, bebió iin gran vaso de agua tentado contraer segundas nupfría, no tardando en sentir las consecuencias terribles de su grave cias eoií la JBeltraneja, para- reclamar los ya negados derechos de imprudencia. Unas fiebres que en seguida le atacaron, mal trataesta; infeliz á la corona de España, y después de haberlas contraído das, á lo que dicen, por los médicos flamencos, acabaron su vida eu con lá hermosa D. Germana de Fox, sobrina del Eey de Francia; el breve plazo de seis días. y viéndose por todos abandonado, retiróse primiéroá Aragón y No se apartó un momento del lado reí enfermo su infortunada después á NápoleS, si b! en al poco tiempo tuvo que volver á esposa, cuya perturbada razón llevó el último golpe, y no es neceEspaña para encargarse de la Regencia del reino, por fallecimiento sario recordar, por harto sabidas, las extravagancias de sus celos de de su yerno ocurrido el dia 25 de Septiembre de 1506. ultratumba no permitiendo que mujer alguna se acercase al cadáAsí, naturalmente, y por la sencilla relación de los hechos, veniver de su esposo, paseSndolo de pueblo en pueblo eu procesión fumos á recordar el otro acontecimiento que la citada fecha evoca en neral y i! 0 permitiendo pasar la noche, á pesar de lo crudo de la nuestra memoria y que ha servido de asunto en muchas ocasiones estación, dentro de un convento, en el camino de Torquemada á á músicos, pintores y poetas para cuadros, óperas, dramas, leyenHornillos, sólo porque el convento era de monjas. das y novelas, en que ha figurado, con extraordinario encanto, la La inconsciente Reina cumplía, sin darse cuenta de ello, el vatiinteresante figura del a apasionada y enloquecida Reina, cinio que, al decir de un historiador de la época, eí docto Pedro Qtiién no íécuérda entre otros, el hermosísimo drama de nuesMártir de Augleria, hizo una anciana á D. Felipe cuando desem, trp gran Tamayo, ZOÍ K? de amor, y el magnifico lienzo del ilusbarcó en Galicia: Id, infeliz Príncipe, que poco seréis con nosotros, tre pintor Pradilla, de cuyo cuadro ofrecemos en este número una y andaréis llevadopnr Castilla más después de muerto qtie de vito, vfiel reproducción? A- juzgar por lo que dicen los historiadores, el carácter y la conTELLO TÉLLEZ.