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590 BLANCO r NJEGRO das á engendrar, comentar, explicar y dar verosimilitud á la noticiíi del día, rompe el zarandeado capullo y vayase lo uno por lo otro, y dejemos á las gradas, ó sean zonas, que llenen su elevada misión. Es mucha calle, señor, La calle de la Carrera. Acabo de apuntar la palabra repórter. ¿Necesitaré explicar lo que esta palabra significa, despue s de lo que precede? l í o porque mis lectores lo saben. Sin embargo, diré cuatro por si hay alguno que lo ignore. El repórter no es precisamente un escritor viandante que recoge y comunica noticias: es algo más que escritor. Es el sacerdote que consagra, el poeta que embellece, el artista que confecciona, el anatómico que descompone y después arma las piezas del esqueleto ó del embrión que, con nombre de noticia, aparece en el horizonte de una calle, en la atmósfera de un salón, en el foyer de un teatro ó entre las colgaduras de un gabinete. El repórter es Argos y es touriste; judío errante de la impaciencia pública, Liebig moral de la noticia en extracto; anda anda unas veces entré los misterios, otras entre los ruidos de la vida política y social, cazando átomos, partículas, retazos, fracciones incompletas, poemas enteros de noticias, para lanzarlos en la retorta que la fiebre de la curiosidad ha puesto al cuidado del reporterismo moderno. De lo dicho se infiere que el repórter es un elemento indispensable de las costumbres actuales. Hijo del periodismo, nació con la noticia y vive de ella, con ella y para ella. Suprimid el repórter, y suprimís la noticia, porque ésta, entregada en bloque á sí misma, no es noticia, sino rumor incoherente, que aturde y no satisface la ansiedad. Por eso el reporterismo, el repórter y la noticia coinciden y se compenetran; van juntos á todas partes y en todas recogen materiales, aplauso y simpatía. El repórter sin la noticia seria un simple mortal, desconocido de todos; pero con ella en la cartera y el lápiz en la mano, es un verdadero poder mitológico, un dios sublunar, que tiene su Olimpo en la Carrera de San Jerónimo, un trono en cada centro concurrido de la corte, y un laboratorio inmenso, colosal, inverosímil, on la Bolsa de Madrid y en el salón de Conferencias. Saludo afectuosamente á mis compañeros de la prensa, los reporters, y no tomen á mal el boceto, por ser yo, pintor inhábil, quien se atreve á exhibirlo en estas letras de molde. RICARDO SEPÚLVEDA. CUENTOS BATURROS, POR GASCÓN c -Saña PÜar, me lia dicho mi madre que me de V. el fuelle. -Dlle á to jiiadce qae el f aalle no Siila da oasa; que se venga á soplar squi. ¿Has entendido algo de la misa? ¡Qoü, ¡Si todo lo dicen en latin menos el Dómino TObisouml