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r 588 BLANCO Y NEGRO Toda la sa- ¡Que sea enhorabuena! ¡Señores, mil gracias! ¡Yo estimo en lo que valen sus plácemes, pero esto eSxée asiado! cristía revuelta por mí VI ¡Dios mió, Dios mío! Si supieran que el secreto de mi elocuencia, de la ternura de mis palabras, era que al pronunciar el dulce nombre de María, lo pronunciaba á mi pesar para que ella lo oyera, refiriéndome á ella en lo íntimo de mi corazón! ¡Dios mío! ¡Dios misericordioso! Pre stame fuerzas, haz que deseche su recuerdo, ayuda á este pecador á apurar el cáliz de su amargura, ven á mí é infúndeme tu divina gracia para que tú solo reines en mi pecho! ALFONSO P É R E Z N I E V A EL. SOL ENFERMO Presenta manchas el sol Que no han de poder borrarse, Y dicen que va á apagarse Su deslumbrante arrebol. El mal á Febo le asedia; Ponerse en cura no quiere, Y nada, que el sol se muere Si es que Dios no lo remedia. De su dolencia importuna Dicen los que están más duchos, Que es que habrá tenido muchos Disgustillos con la luna. Y, por eso va en aumento Esa enfermedad tan rara, Que va llenando su cara De manchas en un momento. Febo está de gravedad, Y si no ha de padecer. Debe un quitamanchas ser Quien cure su enfermedad. Aunque sé que no hay recetas Que puedan llegar allí, Y que al sol le han puesto asi Las manchas de los poetas. Le han herido mortalmente Y á denunciarles me atrevo, Porque han dirigido á Febo Sus cantos frecuentemente. Le han dicho muchas bobadas, Y algún poeta atrevido, Mil veces le ha dirigido, En vez de cantos, pedradas. Muere el sol, pues considero Sus manchas de gravedad ¡Muere de la enfermedad Que se muere mi sombrero! J. EODAO.