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BLANCO Y NEGRO mi- -Para que vayamos juntas ¿A qué hora empiezan los ejercicios? ¿Al anochecer? -Un poco antes; á las seis- -Bueno Entonces te recogeremos al paso en ta casa Yo pienso llevarme conmigo la niña, porque quiero que la impongan el escapulario de la hermandad- -Pero la pobrecita se aburrirá Mira que no tiene más que seis años! ¡Te equivocas! Ella misma me lo ha pedido... Poco entusiasmada que está con su libro de oraciones ¿Y qué has oído de los predicadores? -Que por la tarde subirá al pulpito un misionero joven que dicen que es elocuentísimo- -Esas son mis noticias- -Por supuesto que, como siempre, no saldrá la procesión á la calle. -lío creo, María- -Pues es una terquedad del presidente Luciría todo mucho más y seria un digno remate de fan- -Pienso contigo- -Es preciso trabajar en pro de esa idea. -Trabajaremos Soy toda tuya... IV -Por la señal de la santa cruz ¡Dios mío! ¡No, no puede ser! Yo desvarío, no veo bien... Es un efecto de esta terrible obsesión que me hace distinguir su rostro en todas partes ¡Murió, sí, murió! Sin duda es otra que se le parece... Enteramente su mismo perfil y su mismo aire Hay mucha sombra en las naves Si se ladeara algo ¡Ahí Varía de postura se coloca de frente; ahora sí que le distingo bien al resplandor del cirio que le baña la cara de luz! ¡Es ella, ella, Virgen Santa, ya no me cíibe duda! ¡Pero viva, viva! ¿Luego no fué verdad? Y la niña que acaricia, ¿será suya? ¿Cómo? Se lleva el pañuelo á los ojos... Llora... Me ha conocido Pero ¡Dios mío! ¿Qué estoy haciendo? Me olvido del sitio en que me encuentro y de que el pueblo espera mi palabra sagrada ¡Qué horrible trance! La memoria me huye, he perdido la serenidad; no sé por dónde dar principio Todo el mundo me mira, el corazón se me salta, las sienes me atruenan ¡Virgen Santa, tú que ves mi situación, no me abandones! Son palabras tomadas del libro segundo del Apóstol ¡Hermanos míos! El tema que voy á desarrollar esta tarde encierra en si toda la sublime poesía de nuestra religión: el Dulce nombre de María Si quisiéramos expresar todo lo que hay de tierno en la piedad católica, yo no emplearía otra palabra que la de María, su nonibre dulcísimo, ese dulce nombre Y- -Ha estado usted admirable, con una facilidad de dicción asombrosa- -Y vertiendo en sus conceptos, como en el tono empleado en exponerlos, una ti- rnüra suprema... -La gente escuchaba conmobida, y muchas mujeres lloraban, -lío hemos oído jamás sermón que cause impresión tan profunda Como no abandone usted la cátedra del Espirita Sarjto, le reserva el porvenir grandes triunfos