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r NOVELAS RELÁMPAGOS EL DULCE NOMBRE -Soy feliz, completamente feliz, si es la felicidad esta existencia tranquila y apacible que yo llevo Dios me ha dado un marido ejemplar, que me adora, me ha concedido un hijo que es la alegría de mi vida, disírato de una posición desahogada, y sin embargo- -No le has olvidado- -Tú eres mi amiga de la infancia, contigo no guardo secretos Pues bien; no puedo olvidarle Su recuerdo me lleva el corazón Cuando menos motivo hay para ello, en medio de las intimidades del hogar, me asalta su memoria Hasta ¡Dios me perdone! hasta veo su imagen en la cara de mi ángel rubio- ¡Que le amas aún, ¡Maria! -Era mi primer amor, Luisa, ese primer amor todo abnegación en que el alma se entrega á ciegas, sin calcular utilidades ni ventajas; que no muere nunca aunque no se realice la dicha que sofiaron los veinte años ¡Ah! Yo hubiera sido enteramente dichosa á su lado Una de las cosas que más le agradaban era el que yo me llamase María Tu dulce nombre es mi predilecto; no me gusta ninguno como él, ni en ninguna otra mujer encuentro igual ternura Es poético de por sí, y porque tú le prestas poesía. Con frecuencia lo pronunciaba varias veces seguidas, por oirle... Una manía- ¿Y no has vuelto á tener noticias suyas? -Nada Dos años permaneció sin dejar de escribirme un correo, mostrándose siempre apasionadísimo Después cesó en su correspondencia al entrar en campaña contra los joloanos Los compañeros afirman que sucumbió, que lo vieron caer; pero lo cierto es que no fué recogido su cadáver... La tristeza me acarreó una enfermedad, de la que no sé cómo he salido Gracias al que hoy es mi esposo, que me salvó con sus cuidados y su ciencia Mucho tiempo le lloré y sigo llorándole en mis soledades, sin que nadie se entere Luego, mi madre enferma, sin padre, arruinada; por otro lado la gratitud, la deuda contraída con este hombre Me resistí heroicamente, pero al fin las circunstancias se me impusieron, cerré los ojos y me casé Y no me quejo, porque la suerte me ha deparado, compensando mi sacrificio, un compañero honrado y bueno, sin más voluntad que la mía- -Es un martirio enorme- ¡No lo sabes tú bien! Fingir por deber lo que no se siente Y comprendo que es una locura, que sus amigos han presenciado cómo lanzó el último suspiro, que es público su fallecimiento; pero el corazón se rebela contra la dura verdad y espera siempre, Luisa, sin acertar yo misma lo que espera! II- ¿Vas á hacer tú la novena, Luisa? -Sí; ¿porqué?