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556 BLANCO Vivimos tranquilamente, Sin adelantar un paso, Y qué opinas de las cosas Que ocurren á nuestro lado. El Caballo. -Gran señor El Bey. -Deja, esos vocablos, Y trátame con franqueza, Ó te arrimo un estacazo. El Potro. -Faes bien, Felipe, Ya que eres tan campechano. Escucha las quejas de este Barrigudo mamarracho. Ante todo, me avergüenzo De tener aquí, á dos pasos. Las Casas Consistoriales, Foco de líos y amaños, Donde pasan ciertas cosas Que al más pillo le dan asco. El Monarca. -Razón tienes; Pero bien gozas, en cambio, Cuando llega una verbena Y admiras desde lo alto La sandunga de ías chulas, Que, entre claveles y nardos. Se pasean y nos miran. Aunque no nos hacen caso. El Poíro. -Pero no piensas Que, si hay motines y escándalos, Solemos ser los primeros Testigos de sus estragos. El Rey. -También considera Que llega el final del año Y nos rodean de puestos. ¡Qué animación presenciamos Por Navidadl ¡Qué bullicio! ¿No te divierten los pavos Que pasan, los vendedores De turrón de pan mascado, Y los puestos de zambombas, De frutas y de cascajo? El Poíro. -Sí; pero luego Nos dejan encarcelados Por la valla de las listas Electorales, y ¡vamos! Da grima el ver sus errores Y NEGRO Y el tiempo desperdiciado En hacerlas y en pegarlas, Para que algún que otro bárbaro Mire á ver si está con hache Su nombre, y, si viene á mano. Dé luego el voto á un granuja Por dos copas y un cigarro. El Pez -Bien; ¿y no te agrada Ver á tns plantas jugando Cien hermosas criaturas Con la comba y con el aro, Mientras otras, dando vueltas, Entonan alegres cantos? El Potro. -Si; pero vemos También, y eso me hace daño, De qué expresiva manera Doncellitas y soldados Se demuestran sus afectos En esos pacientes bancos. El Peí ¡Bronce de gallina Se me pone al recordarlo! El Potro. -Pues aunque estemos Muy huecos, es necesario Que nos lleven á otra parte. Don Felipe. -Yo me largo. (Dicho y hecho; se desmonta Con mucMsimo trabajo. El Potro. ¿Y á dónde vas? El Rey. -Al frontón un rato, A jugarme unas pesetas Por Irún contra Muchacho. El Potro. ¿Volverás pronto? El Rey. -Qne te monte el Tato, Que yo tengo doloridos Mis dos muslos soberanos De abarcar esa barriga Tan atroz que Dios te ha dado. (La estatua del rey Felipe Llega hasta el suelo de un salto, Y, entre el general asombro. Llega al frontón como un rayo. El potro entonces se arroja Desde el pedestal abajo, Y muere de hidropesía, Con lo cual termina el acto. JUAN PÉREZ ZUNIGA.