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546 BLANCO t ÑBGRO de la líihlinteoa, de Autores nspiñnlus- -pae? si la cuenta que hace Pérez de Montalbán en su J ama, postuma pudo hacer creer al erudito colector que Lope falleció el 21 de dicho mes, bastan para destruir el error el testimonio del citado Dr. Cardoso, el del analista Leín Pinelo, que dice: La muerte, ocasionada de un resfriado que le dio el dia de San Bartolomé, le acabó á los 27 de Agosto, en edad de 72 años, 9 meses y 2 dias y, sobretodo, el testamento de que habla Mesonero Romanos en Jil Antiguo Madrid, que acompaña á los títulos de la casa eii- que TÍVÍÓ Lope hasta su muerte y que otorgí en 2 ñ de Ago itode 35, día anterior al del fallecimiento. Verificóse, pues, el entierro el dia 28, como dicho queda, y hubo con tal motivo manifestación de duelo nunca vista, pues, según el mencíonaíti León, fué d i los mayores acompañamientos que habla visto la corte, y aun el mayor. Sin convidar á nadie concurrieron cofradías, luces, clérigos, religiosos, toda la Orden de Caballeros de San Juan, la de los Terceros de San Francisco, la congregación de los familiares del Santo Oíi io, la de los sacerdotes de San lllgael, que se prefirió para llevar su cuerpo; y al fin tanta gente, que siendo su casa en la calle de Francos (hoy de Cervantes) y rodeando el entierro por las Trinitaiias Descalzas, á instancias de una palíenla suya (su hija natural vor Mai celd) que allí era religiosa, hasta salir á la calle del León, y luego por toda ella á la de Atocha y á San Sebastián, estaba ya la cruz en la parroquia y no había falido el cuerpo de su casa, con ir la calle llena de pared á pared y ser bien ancha. (Las calles, dice otro biógrafo, e. staban tan pobladas de gente, que casi se embarazaba el paso al entierro, sin haber balcón ocioso, ventana desocupada, ni coche vacio. Y asi, viendo una mujer tanta grandeza, dijo con mucho donaire: Sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno. Nada tiene de sorprendente que el pueblo de Madrid hiciera estas manifestaciones de pesar por la muerte de aquel prodigioso ingenio que ya en rida había sido objeto de las más apasionadas y entusiastas demostraciones universales, porque, como refiere en su Famapóstvma Pérez de Montalbán, (no hubo legado de Su Santidad, Príncipe de Italia, Cardenal de Koma, Grande de España, NUDCÍO del Pontífice, Embajador del Reino, título de Castilla, gobernador, obispo, dignidad, religioso, caballero, ministro, ni hombre de letras, que no le buscase y le diese su lado y mesa en reconocimiento preciso de tan altas prendas. Las KR. MM. Católicas, siempre que lé encontraban, como á hombre superior á los otros, le miraban con más atención, y nuestro Santísimo P. Urbano V I H ya que no pudo verle por la distancia, quiso comunicarle por la pluma escribiéndole de su mano una carta muy amorosa y favorable y dándole el hábito de l an Juan, con titulo de doctoren Teología. No hay Tilla, ciudad, provincia, señprio ó reino que no haya solicitado su correspondencia, lío hay casa de hombre curioso que no tenga su retrato, ó ya en papel, ó ya en lámina, ó ya, en lienzo. Vinieron machos desvie sus tierras sólo á desengañarse de que era hombre. Enseñábanle e i Madrid á los forasteros, como en otras partes un templo, un palacio y un edificio. íbanse los hombres tras él cuando le topaban en la calle, y echábanle bendiciones las mujeres cuando le veían desde las ventanas. Hiciéronle costosos presentes personas que sólo le conocían por el nombre. Escribiéronle varios elogios en su alabanza muchos varones graves sin haberle visto, y laureáronle en Roma por solo, por único, por raro y por eminentísimo, sin haber día jii hora que no tuviese ocasión alguna para su desvanecimiento, á no ser tan humilde como prudente y tan desconfiado como modesto. No eran, ciertamente, exagerados por el afecto y la gratitud estos elogios que Montalbán tributaba á su maestro al coleccionar y pubhcar en un carioso libro los versos que centenares de poetas de todas partes escribieron con el triste motivo de su fallecimiento. Su fecundidad portentosa, acreditada por las mil ochocientas comedias que escribió, amén de sus numerosas crbras y composiciones sueltas; su talento privilegiado, que la valió el ser aclamado y reconocido como Fénix de los ingenios; el encanto mágico de sus admirables comedias, que hacia que el público las prefiriera á las de todos los demás autores; la bondad de su condición, la dulzura do su carácter, la grandeza de su alma, la generosidad de su cora íón y la cortesía y afabilidad de su trato, cautivaban á todos con fuerza irresistible. Cuéntase que en cierta ocasión un hombre iracundo le desafió, cuando su estado eclesiástico ofrecia mayor inconveniente al reprobado duelo. Se excusó Lope, instó el otro, y echando mano á la espada, gritó: -u; Vamns yi- -K- Vamos! contestó tranquilamente el poeta, poniéndose el manteo: íro yo á deñr misa, y vuesa merced, como huen cristiano, á ayudarme á ella. y No puede achacarse esta contestación oportunísima á flaqueza de espíritu sino á conciencia del deber, porque Lope como Calderón y otros, antes de ser sacerdote fué soldado, probando en más de una ocasión el temple de su alma, y cuéntase que estando casado con su primera mujer D. Isabel de Drbina, tuvo un duelo y en él la desgracia de matar á su adversario, por lo que huyó á Va encia donde vivió escondido, hasta qué pudo volver á la Corte perdonado y seguro. Era tan caritativo, que en su casa tenia siempre puesta cantidad de dinero sobre la mesa para que el criado no tuviera necesidad de pedirlo ni otra cosa que hacer que darlo en llegando algán pobre á la puerta. Así se explica que, como dice el repetido Montalbán, fuera el poeta más rico y más pobre de sus tiempos. Más rico, porque las dádivas de los señores y particulares llegaron á 10.000 ducados. Lo que le valieron las comedias, contadas á 500 reales, 80.000 ducados. I os autos 6.000. La ganancia de las impresiones, 1.600, y los dotes de entrambos matrimonios (fué dos veces casado antes de ser sacerdote) 7.000, que hacen más de 100.000 ducados, fuera de 2.50 de que le hizo merced el Rey; 1.50 de una capellanía en Avila; 40 de una casa pequeña que tenía junto á la calle de la Cruz; 300 de una p- estamara que le dio en un lugar suyo el Duque de Sessa, y más de 400 ducados para su plato, porque le dijo que no quería escribir más para el teatro, sin otras liberalidades secretas de tanta cantidad, que hablando el mismo Lope de las finezas del Duque, aseguró que le había dado 24.000 ducados en dinero. Y fué también el más pobre, porque fué tan liberal, que casi se pasaba á pródigo, y tuvo tan encendida caridad, que jamás le pidió pobre limosna en público ó en secreto, que se la negase, antes bien se la daba doblada si era vergonzaiite, y si conocía que llegaba la necesidad á extrema, levestiadesde el zapato al sombrero. Hacia muchas fiestas á los santos, buscando figuras de coste, novedad y riqueza. Convidaba á sus amigos sin tasa en el regalo, gastaba en pinturas y libros sin reparar en el dinero, y así le vino á quedar tan poco de cuanto tuvo, que apenas dejó 6.000 ducados en casa y muebles. Lope de Vega escribió sus primeras obras á los once años, según él mismo cuenta en el Arte nuexo de Uaeer comedias, cuando dice: To las esciibi de once y doce afioa De á cuatro netos y de á cuatro pliegos, Pues cada acto un pliego contenía. E l paso del entierro de Lope por delante del Convento de las Trinitarias, á través de cuyas rejas lo contempló su hija natural. Sor Marcela, rodeada de la Comunidad, ha servido de asunto al excelente artista Sr. Llanos para pintar el hermoso cuadro que en este número reproducimos El retrato de Lope, que publicamos también, es reproducción fotográfica de su grabado, copia del cuadro que pintó el famoso Luis Iristán y cuyo oiiginal está en San Petersburgo. TELLO TÉLLEZ.