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MADRID M O N U M E N T A L LO Q U E D I C E N L A S E S T A T U A S ISABEL LA CATÓLICA -Tuviera yo, señora, á las mis espaldas aquellas mesnadas valerosas con las qué conquisté á Ñapóles, y ya pecharían esos alcaides corregidores á V. M. cual cumple á subditos leales que rinden el debido acatamiento á su reina- Por esta Santa Cruz que agora ño, Gonzalo, que no te dejes llevar ira El Señor Dios ha querido someterme á estas pruebas, y he gran contentamiento en soportarlas con resignación ¿lío es verdad, Cardenal que es de perfecto cristiano el perdonar las injurias? ¡Señora! Tantas y tales son las virtudes de V, M. que no sabré loarlas nunca como es razón Pero si la princesa católica puede tan santamente dispensar las afrentas, la soberana de ambos reinos de Castilla y Aragón debe de afinojar á sus siervos ingratos y olvidadizos. ¡Que me place qué Su Eminencia convenga conmigo. -Vuestra Majestad, señora no es en aqueste sitio dónde la corresponde estar, que calles y plazas han en la heroica villa en que acomodar vués ra augusta persona en fe de acatamiento ¿Qué otra figura más digna de rendimiento y homenaje que la de V. M. que ha hecho la unión de las Es- pañas, que ha plantado el estandarte de la fe en los alminares granadinos y que pensando en la gran. deza de los sus reinos, ha empeñado las joyas de su propio decoro y aliño, para ayudar á descubrir á Colón luengas- tierras? Vuestra Majestad es merescedora de que en sazón que se celebra la gran fecha en que halló el ilustre Almirante las ignotas islas, se trasladara vuesa augusta persona al lugar más céntrico de Madrid. ¡Me apena, en verdad, verme tan aparen tan remotas soledades, que en se entra la obscuridad de la noche, me ponen pavor en- el ánimo! Y jracias á que somos tres, y á ti, Gon salo, no han cornetido la felonía de iespojarte de la tizona, que si no, buena cuenta dieran de nuestras humanidades esos bultos negros, que se creyera que usan por juro dé heredad de las arboledas del paseo, y que no sé si son almas en pena, sombras de condenados, ó encantadas doncellas presas de hechizos... A mis espaldas un gran óvalo donde se reúnen dos veces al año las damas de la corte y los infanzones de agora, á presenciar el correr de unos caballos que no parecen sino galgos de cetrería en lo flacos y chupados hacia dentro y en lo que enseñan el su esqueleto bajo la piel ¡Y pienso yo que estos serán los torneos y justas que hoy se es tilan! Pues á mi siniestro lado se alza un palacio que no acierto á entender, y en el que tan pronto se escapan por sus ventanas acordes de música y penetran por sus puertas cientos de cuadros, como se exhalan de su recinto ayes de dolor y llegan á su vestíbulo camillas, como se transforma en una fábrica de tabacos, trascendiendo de su recinto un aroma fuerte y picante, y vomitando al caer el día