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EL ASTRO DE PETRÓLEO O Pantaleón Retorta y D. Blasa Chicote, ofrecen á V. su nueva casa, calle délas Tabernillas, N número 27, 3. de la derecha. ¿Qué te parece Blasa? -preguntó D. Pantaleón cuando hubo terminado la lectura del parte que antecede. -Qne la casa no es nueva. Vieja y muy vieja era cuando le prestaste los tres mil duros al señor que te la vendió á retro, y aunque le has lavado la cara, no es tanto como para que la quieras ofrecer como nueva. -Ese es un decir como otros- -repuso el propietario con un dejillo asturiano, al que pretendía dar gracia andaluza. ¡Qué efecto harán entre mis antiguos camaradas, los tenderos de la calle de Postas, estas papeletas verdes con ribetes encarnados! Me morderán un poco la envidia... esto de ser casero le d á uno un lastre- -Pues por eso yo te lo aconsejaba, por casar á nuestra hija con alguno de esos que vienen en los periódicos. -Ya pude yo haber venido, porque me pretendió es decir, pretendió mi retrató y que yo le contara mi vida y milagros un relator de esos que cuentan en un diario el resumen de la vida de los hombres notables como yo. ¿y por qué no dejaste que te publicara? -Porque á nadie le importa lo que yo he hecho desde que me bautizaron en Pravia, y á mí me molesta que todo el mundo se ocupe de mi. -Asi, nunca se ocuparán de nosotros ni de Cn spinita. -Mejor y vamos á hacer el contrato para el inquilino del sotabanco. ¿Oómo dijiste que se llamaba y qué era? -Aquí está el papel que me dejó. Pablo Herranz, dependiente del Banco Romano. ¡Qué guapo y qué fino que es! No tiene la facha que tenias tú cuando entraste de dependiente én casa de mi padre, con aquellas manos llenas de sabañones, tan coloradote, tan gordo- -Pues bien te gusté y eso que venía de la tierra. -Pues este me gusta, como si viniera del cielo, para nuestra hija. ¡Cómo! ¿Ahora sales con esa modestia, después de aspirar á un yerno poco menos que principe? ¡Quién sabe lo que este puede ser! Su conversación, su porte, su figura, me han hecho sospechar... -Que regatea el cuarto, porque no puede pagar más que tres duros mensuales. -O que lo quiere sólo como apeadero. ¡Cuántos hijos de casa grande -Trabajan en un Banco y duermen eñ una buhardilla. ¡Cómo te dejen á ti discurrir disparates Pero de tolos modos le, dejaré en los tres duros el cuarto; que si trabaja tanto como te dijo, sea ó no sea partido para la chica, en siendo trabajador le estimaré como vecino, y el yerno ya vendrá. Este diálogo conyugal fué interrumpido por el joven en cuestión, que venía á instalarse en su nueva vivienda. Encantados quedaron de su finura los caseros y de su figura Crispinita, que le observaba d sde la pieza inmediata. Le ofrecieron la casa, y el vecino ofreció visitarlos. Doña Blasa sintió haberle recibido en el comedor, donde sólo tenia seis sillas de Vitoria y una mesa de alas, como un pato; pero se propuso invitarlo á oír tocar el piano á Crispina, pai- a deslumhrarle con el lujo ciático con que la buena señora decía que estaba adornada su sala, que habían amueblado recorriendo cien veces el Rastro y sus sucursales. Fija la idea en el gallardo Pablo, esperaban todas las noches, por si le daba la de entrar; pero él pasaba rápidamente, y apenas llegaba á su cuarto, encendía una lámpara de vivísima luz. Observaban la operación J-