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SERVILLETA AL SR. D. ALFREDO MURGA EN SEVILLA. Mi respetable seaor: He recibido la carta con ribetes de himno, fecha 12 de Junio de 1892, que Vm. ha tenido la bondad de dirigirme. Se redaee la pregunta ó curiosidad de Vm. á saber si en mi opinión es ó no de buen tono cubrirse el pecho con la serpiUita al tiempo de la comida. Usted entiende que semejante cosa, demuestra, ser poco limpio y esmerado. Permítame Vm. que, para templar algún tanto lo absoluto de dicha proposición, le apliquemos el DISTINGO Ó el SEGÚN Y CONFORME. Creo que á las gentes gruesas, ancianas y de pecho saliente no le es tan fácil como á las jóvenes ó delgadas inclinarse lo bastante para excusar manchas y avenas. Si tiene Vm. en cuenta dichas circunstancias, si se fija en el realismo ó naturalismo á que propendea las modas de nuestros días, y si se nota la calidad de los sujetos que las inician, ningún uso nuevo que reporte comodidad sin perjuicio de tercero ni de la buena educación debe ser excomulgado. Fíjese Vm. en que la servilleta cubriendo la camisa era costumbre de nuestros padres, en que es señal de aseo, y en que la resurrección de la moda se debe, en parte, á un andaluz de mucha gracia, afecto en sus mocedades á la majeza y al toreo, y después al periodismo y la política, en la que ha desempeñado con repetición el alto cargo de Ministro de la Coroaa. Paes bien; este amigo mío, con cuyo apellido se designa desde época reciente una de las mejores calles de Sevilla, y del cual no doy mis señas para dejar la cosa en el misterio; este amigo, repito, siendo Embajador de España en Francia, dio im suntuoso b mquete oSoial, al que ag stieron todas las eminencias políticas de París. Y con gran sorpresa de los concurreates, el Sr. Embajador se cabrio con la servilleta casi casi del mismo modo que Sancho con el luhador randado que le pusieron cuando gobernaba la ínsula Barataría. Los comensales repetían señas é indicaciones para que el Ministro corrigiese su distracción, y el Ministro seguía impávido, sin entender lo que le querían decir, hasta que ya claramente y con todas sus letras le manifestaron que reparase en que nadie tenía puesta la servilleta de aquel modo. -P U E S POE M I PAETB, respondió el Embajador, QUE TODOS SE LA PONGAST. Saque Vm. de este suceso las consecuencias que guste, y sepa que, aun cuando yo la extiendo sobre les muslos, no me importa que cada cual coloque su servilleta donde y como le plazca. Con lo dicho cree haber contestado á la fina y lisonjera carta de Ym. su muy átenlo servidor, q. 1. b. 1. m. EL DB. T H E B U S S E M Medina Sídoiiia, 19 de Julio de 1802 aSos.