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BLANCO Y NEGRO 2? introducido agentes de policía, y que se había presentado una compañía á mano armada frente al edificio. Las palabras del procurador valenciano produjeron un tumulto en las tribunas, por lo que el Presidente comprendió la necesidad de evacuarlas. Cuando las turbas desalojaron el edificio, se congregaron fuera, y como estaban casi todos aleccionados, se agitaban para futuros designios. Don Joaquín María López seguía su peroración, exclamando: ¡Este es un atentado contra la representación nacional! Martínez de la Rosa quiso templar la ira del procurador y acreditarse al misrno tiempo de generoso y alentado, sabiendo que los planes de los revoltosos iban encaminados contra su persona. Levantóse la sesión, creció la soberbia de los enemigos del Gobierno y la dé las turbas qué estaban en la calle. Aparejado el motín en la puerta del Estamento, buscó comodidad para cumplir lo que había tramado, y sucedió que al salir Martínez de la Rosa de aquel recinto, y en el momento dé subir al coche, se vio acometido por un grupo de hombres armados, que gritaba: ¡Muera el traidor! llenándole de insultos groseros y amenazándole con sables y navajas; pero rodeado el Ministro de sus amigos y también de sus contrarios, lograron, si no aplacar á los sediciosos, evitar la perpetración de un horrendo crimen. Refugiado en su carruaje, se encaminó á su casa seguido de muchos gritadores que pedían su cabeza, y al llegar á su domicilio, halló á la puerta otro enjambre de paisanos; armados y de algunos urbanos; pero Martínez de la Rosa, sin dar señales de encogimiento, se apeó del coche, j cpyrjiÓJQijevQ ó mayor peligro su vida, porque hasta llegó el caso de que le asestaron golpes 4 Q fr 3 malvados. Tampoco en esta ocasión faltó al Ministro escudo momentáneo que dio lug 8 á la llegada de la tropa con el capitán general Ezpeleta, cuya aparición apartó á los amotinados, y PUdó el Presidente del Consejo de Ministros entrar en su casa con vida, pero no enteramente ileso. Cuando su anciana sirvienta le vio entrar en el gabinete, le preguntó, atemorizada y llorosa: ¿Qué es eso, señor? -Nada- -repuso el Ministro- festejos y caricias de mis amigos. ¡Vea usted si se ha retirado la gente! La anciana ama de llaves se asomó al balcón, y entró diciendo: Señor, no se ve más que tropa! Y dijo Martínez de la Rosa: -Entonces mande usted al criado que busque los lentes, que han de haberse caído en el portal, y tal vez no los hayan pisado. Y usted mientras tanto prepáreme la comida, que tengo apetito. Subió el criado con los lentes en la mano, y exclamó el Ministro limpiándolos con el pañuelo: -Ya lo decía yo. Están intactos. Y repuso el criado: -Hubiera sido un dolor, porque son de oro. Y dijo el Ministro: -Tú, como asturiano y codicioso, te ñjas en el oro, y yo en los cristales, que rotos, me habría sido difícil encontrar otros iguales. Y se dirigió al comedor gritando á la sirvienta: ¡Ceferina, Ceferina! ¿No se lo dije á usted? Los lentes han parecido. Ahora puedo comer contento. ILDEFONSO ANTONIO BERMEJO.