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BLANCO y NE G R a 519 Llegó ¿observar el Conde la tristeza: de su hija, y consultó á la medicina y á la religión. Aquélla se declaró ímpotente para combatir el mal; ésta consideró posible su remedio. Hacía tres años que padecía laohicuelasu enfermedad extraña. Lloraba á cada instante; enflaquecía por momentos, y cuando se creía sola, trataba de imitar en sentidas canciones una voz Taronil. Caso sobrenatural sin duda. Precisaba, pues, preparar á la muchacha por medio de nna sabia confesión, al acto de ahuyentar de su cuerpo diabólicos espíritus. Y como hacia una semana qué habla llegEido al pueblO: un joven sacerdote de mucho saber, y tomado posesión de la parroquia, á él se la encomendaron. Arrodillóse la enferma al pie de la celosía del confesonario, y el sacerdote la exhortó é, que hablara; pero ella nada respondió. Inquieta y aturdida, abrió mucho los ojos, y por entre los calados de la madera pretendió inútilmente ver la cara del padre. -Decidme, padre mío- -le interrogó- -íhabéis estado en mi casa alguna vez? Dejaos de eso, y contestad á lo que se os pregunte- -replicó el sacerdote. -Decidme, por piedad- -insistió más angustiada la mozuela- ¿conocisteis vos á mi vecina Carlota? -A la confesión, á la confesión- -dijo severamente el cura. Pero fué imposible confesarla, porque como presa de un temor extraño, abandonó la iglesia, huyendo como loca, perseguida por una voz: la voz del sacerdote, que era, indudablemente, la misma que ella á solas trataba de imitar, y cuyo armonioso sonido la hizo creer, en su ignorancia, que era cierta su soñada desdicha: que había caído en poder de malvados espíritus. Los vecinos del lugar sintieron una noche, cuatro días después JMR d é l a intentada confesión, el eco de la campanilla que anunciaba en la calle el paso de la Majestad. 1 Tin sacerdote joven se arrodilló á la cabeoeía de un lecho, y un cuerpo muerto recobró la vida, Pero sólo un instante: lo preciso ll para oir cómo la voz misma que le había arrebatado el alma, la encomendaba á Dios con santas oraciones. r ri Í íy L U I S CALVO SEVILLA. NOTAS LOS FESTEJOS EN HITELVA. CÓMICAS, j L AQTVJL, P A T O S I POR CILLA. LOS FESTEJOS BN MADEID, X Terminaron los festeios, T han resalx dytáuy bien... Los discurspfli banquetes. Tantq jüTOhau podido hacer Elj Ílnmen, parodiando j y u e dijo no sé qnién: lli ediqaemos cuatro frases Á la memoria de aqoel Qae desoubTió el Hacivo Hundo. y T r o n o s á comer. ¿Ya usté á bafios don Gaspar? -Yo B 1. ¿Y usted, Socorrito? -Hijo, de eso no hay que hablar. La mar me gusta infinito. -Y á mi me gusta jla mar! -Yo enfermo si no me baño. -A mi también me hace daño. Ko remojar la persona. ¿Y addiid ra turté este año? Yo. A Gijón. Pues yo... ¡á Jijonal Dicen qnc y está acordado. Poner un gran restaurajií Bconómico, politicoi: Oampestre, municipal, T) onde habrá catubacinég Bellenos lengua. al b ¿0 ¿rfa Sesos... mtty bien imitados Y troeluts ainatimil. También habi- á pato. JV o. El pineblo ib pa uJá.