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A DIVERTIRSE -No, no me quedo sin ver los pelotaris- -decía Avelino mientras se ponía los calcetines, sentado sobre la cama. -E l había venido á la corte con objetó de que le empastaran una muela y le reconociesen el estómago, porque para hacer la digestión tenía que echarse de bruces sobre un felpudo, y su madre le dijo un día: -Avelino, si sigues tomando los medicarñentos que te da D Eobustiano, el médico de aquí, acabarás por rperdér el poco jugo gástrico que te queda. Lo mejor será que te vayas á Madrid y te consultes; de paso puedes buscar un buen dentista, que te empaste- la muela y te la rellene hasta arriba. Avelino tomó el tren, y después de o- catorce horas de viaje, llegó á una casa de huéspedes de la plazuela de Navalón, donde le metieron en un cuarto obscuro, con vistas á un carbonero que se pasaba la existencia barriendo los residuos de su mercancía; de modo; que en cuanto se asomaba Avelino, se le llenaban las naí- ices de polvillo negro, j el pobre, al estornudar, arrojaba una cosa así como betún mate. E n cuanto le arreglaron el estómago y le metieron en la muela pasta mineral dentaria, decidió volverse- á sil pueblo; pero antes quiso ver á Irán y Portal j se fué al despacho dé J a calle de Sevilla, en busca de un asiento cómodo. ¿Quiere usted una localidad buena? -le dijo: un revendedor. -Usted es forastero, ¿verdad? -Sí, señor; soy de Rivadesella. -Ya se le conoce á usted en la ropa. Trae usted un chaqué verde, precioso. Aquí no se gastan esas prendas tan hermosas. Voy á darle á usted el mejor asiento del frontón. Y le soltó una silla de plaza. ¿Cuánto cuesta? -preguntó Avelino. -Por ser para usted, dos duros. ¡Caramba! Es carita. ¿Cara y le doy á usted un asiento de primer orden? Como que se lo tenía reservado á un senador vitalicio, que no puede venir hoy porque se le ha hinchado el labio superior. Avelino entregó los dos duros, y se fué á un café inmediato á tomar un refresco. ¿Qué va á ser? -le preguntó el mozo. ¿Hay naranjada? -dijo Avelino. ¿La quiere usted del tiempo? ¿De qué tiempo? -Del tiempo de ahora. S í señor. ¿Qué, también la tienen ustedes del tiempo de mi madre? -Aquí hay de todo.