Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
504 BLANCO Y NEGRO erupción de desperdicios de moscas, las velas aparecen mustias y cabizbaias, y hasta los tapices cau- san grima por los diversos tonos que les dieron las bandas de percal con que se tapaban los pasos. ¡Qué desolación la de unos aposentos de casa honesta y bien gobernada! -Cierto que si los muebles no hubieran tenido fundas, su vida habría sido algo más breve, aunque más agradable y ostentosa; pero quiere decir que al reponerlos se les hacen fundas más tupidas para librarlos mejor de las asechanzas del uso. Si aquel día que se descubrieron no se hubiese hecho, la mancha que les cayó ó las arrugas que tomaron estarían en las fundas y á la vista, como suele ocurrir, pero no en el interior y tapadas, como sucede ahora. Cierto también que el aire y la luz les habrían producido esa pátina artística que da solemnidad á los salones, diferenciándolos del almacén de tapicero, aunque después se tasaran en algún menos valor para el día de la almoneda. Cierto, por último, que se hubiera excusado entre los amigos la calumniosa especie de que él brocatel era de algodón, ó deque las tallas eran de estuco, ó de que los bronces eran de estaño, ó de que no había semejantes sedas ni oros, sino unas cubiertas muy cucas para tapar asientos de pura lona. Todo esto es nada en comparación del orden que revelan esos aposentos enfundados, cuya vista induce á recordar otros locales, también en orden, aunque en cierta manera estrambóticos. No intentamos aludir á una trastienda de ultramarinos, donde los géneros, de distintas formas y tamaños, permanecen ocultos por caperuzas de papel de estraza: otro será nuestro símil, más propio y adecuado, á la vez que más noble. -Penetrad de día en el guardamuebles de un teatro donde se depositan los instrumentos de la orquesta. Las tumbas egipcias de los violones, los sacos mugrientos de las trompas, los estuches despellejados de los clarinetes, las vainas arrugadas de los oboes, y hasta aquella especie de sartenes de cuero en que se guardan los platillos, ¿cómo han de dar idea de que desenfundados y en su orden natural han de ofrecer al oído las dulces lágrimas del violonchelo, la poderosa canturía del violin, la queja humana del córneo inglés, el gorjeo de picólos y flautas, las celestes melodías del conjunto y los sublimes acentos de un acorde afinado y majestuoso? Pues bien, señoras que enfundáis vuestros muebles: sabed que vuestros salones se asemejan á ese guardarropa de los teatros. Cuando pusisteis vuestra cas a y os complacíais en acumular sobre ella todos los caprichos de la industria y del arte, era para que cada objeto respondiese á una nota de música inarticulada. El campestre paisaje de los cuadros, la actitud animosa de las estatuas, la transparencia reproductora de los espejos, la placidez visual de los tapices, el alarde con que arañas y candelabros extienden sus atrevidas ramas prediciendo el torrente de luz que por la noche dará brillo al color, vida al matiz y tonos armoniosos al acorde de aquel conjunto artístico; todo esto que escogisteis y amasteis equivalía á la formación de una orquesta melódica para vuestros ojos y de un jardín- museo para goce constante de vuestros sentidos. Pero al encargar esas malhadadas fundas echáis el telón de vuestro lindo teatro. Hacéis lo que las cómicas, que se desnudan de reinas para vestir el traje de paisanas; ó lo que los músicos, que al acabar su parte entalegan y atan el precioso instrumento de que sacaron tan armónicos tonos. Os convertís en empresarias de vuestro propio domicilio, y dais á las gentes por funciones lo que nunca disfrutáis vosotras mismas; creéis, en uña palabra, vivir la vida de la opulencia, cuando sólo vivís la vida de la vulgaridad. Oídnos bien. Los ricos se diferencian de los pobres en que se hallan rodeados de objetos placenteros. Si los tapan con lonas y percalinas, lo mismo da ser rico que pobre; con la circunstancia de que los ricos no pueden burlarse de los pobres desnudos, y los pobres sí pueden mofarse de los ricos enfundados. JOSÉ DE CASTRO Y SERRANO.