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MAJADERÍAS HUMANAS LAS FUNDAS DE LOS MUEBLES Es un alarde de buena educación éntrelas que se llaman señoras de su casa, que cuando se compran sillerías, espejos, arañas ú otros enseres de uso doméstico, se les provea de sus correspondientes fundas para preservarlos del polvo, de la luz, del roce, de las manchas y de todo género de impurezas. La idea no puede ser mejor, ni más econóinica, ni más pulcra. Equivaldría á que las tales señoras sacasen á la calle el abanico en su caja, los pendientes en su estuche y los zapatos cubiertos con unas abarcas, que á buen seguro que el abanico se rompiera, ni los pendientes se injuriasen, ni los zapatos perdieran su brillo y condición de nuevos. Verdad es que entonces con el abanico no podrían hacerse aire, ni con los pendientes lucir, ni con los zapatos andar; pero tampoco en su casa pueden verse en los espejos, ni alumbrarse con las arañas, ni ennoblecer su salón con el brocado de sus muebles. Todo tiene sus contras, y la pulcritud más que ninguna otra de las virtudes. Ponen unos novios su casa, y la madre y la suegra agotan los caudales de su ingenio y de su bolsillo para que el menaje sea del mayor gusto y de la mayor moda. ¡Qué colores! ¡Qué matices! ¡Qué