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498 BLANCO Y NEGRO el apoio; pero que es digno de grato recuerdo como amante de las Letras y de las Artes, y como protector de los poetas y de los artistas. E n 31 de Octubre de 1623 le había nombrado su pintor de cámara con sueldo de 20 ducados mensuales, pagadas además sus obras, y con las adehalas de médico, cirujano y botica; en 1626 le señaló una pensión de 800 ducados, á que agregó dos años después la merced de la ra. ción de cámara y 90 ducados anuales para un Testido, concediendo á su padre tres oficios de escribano en Sevilla, que, según afirma Pacheco, le valia cada uno 1.000 ducados al año Pero si éstas y otras análogas mercedes eran importantes, más honraban al artista y á su protector otras señaladas distinciones, como la de no haber querido e Key que lo retratase otro pintor durante un año entero que Velázquez anduvo por Italia, la de haber ordenado que le pusieran el estudio- -obrador, que decían entonces- -en la galería del Ciervo, en Palacio, mandando, según refiere Cean, que le hicieran otra llave para cuando gustase de ir á verle pintar, como lo hacía en adelante los más de los días. Imitaba en esto Felipe IV á su ilustre bisabuelo el emperador Carlos V, que frecuentemente visitaba el taller de Ticiano para verle pintar y asi como del César español refiérese la anécdota de haber recogido del suelo el pincel que se había caldo al artista italiano, cuéntase de Felipe IV qué, habiendo visto concluido el famoso cuadro de las Meniín ja, conocido también por el de la yamilia, y al que Lucas Jordán llamó La Teoiegia Ai la Pintura, eu cuyo cuadro figura el mismo Velázquez haciendo el retrato de la infanta D. Margarita, el Eey cogió de manos d el pintor paleta y pinceles, y diciendo que faltaba al cuadro lo más esencial, pintó sobre el pecho del retrato de D. Diego la cruz de, Santiago. i Las distinciónes que le dispensaba el Monarca y las maravillas que producía su genio, valiéronle entusiastasélogios de los más celebrados ingenio? á algunos de los cuales había también retratado, entre ellos Góngora y Quevedo, que en su silva Al pincel le prodiga apasionadas alabanzas. Sólo recordaremos, con este motivo, el soneto que le dedicó su maestro y suegro, el insigne Francisco Pacheco, que asi manejaba el pincel como la pluma: Vuela, ¡oh joven valiente! en la ventura De tu raro Fnncipio: la privanza Honre lá posesión, no la esperanza, Del lugar que alcanzaste en la pintura. Anímete la augusta alta íigura Del Monarca mayor que el orbe alcanza, En cuyo aspecto teme la mudanza Aquel que tanta luz mii- ar procura. Al calor de est sol templa ta vuelo, Y verás cuánto extiende tu memoria La Fama por tu ingenio y tus pinceles; Que el planeta benigno á tant cielo, Tii nombre ilustrará con nueva gloria. Pues es masque Alejandro, y tú su Apeles. ISTó intentaremos hacer un estudio del genio y de las obras de Velázquez, porque no es ese el objeto de estos apuntes, y para ello nos faltaría, aun más que el espacio, la competencia. Su fama es universal, y los más eminentes artistas y críticos extranjeros han reconocido la supremacía de su talento y lo maravilloso é inimitable de su manera Stirling, miembro del Parlamento inglés, en su curioso libro Víd, ade Velázquez, Quilliot en su Diceionario Ae Ionpininres españoles, Carlos Blanc en su citada obra, Duplessis en su artículo de la Síografia Universal, Antonio Rafael Mens, célebre pintor alemán que vivió algunos años en España y fué pintor de Carlos III, en sus curiosos escritos, reunidos y publicados después de su muerte; Viardot en LÚH Museos de España, y otros ciento, que sería ocioso y cansado enumerar, celebran con sincera admiración al inmortal creador de Las Hilanderas, de Las Meninas, de Los Borrachos, de La Rendición de Ureda, el famoso cuadro de las lanzasn, y de tantas otras obras maestras, entre las que singularmente descuellan los retratos numerosos que pintó, y eu cuyo gínero no encontró rival. Van Dyck, Bubens y Ticiano- -dice Blanc- -le igualaron en el retrato, pero no le superaron. Viardot, refiriéndose á uno de los retratos de Felipe IV que pintó Velázquez, dice: ¿Estos cabellos no están agitados por el viento? ¿La sangre no circula bajo esa piel blanca j fre? ca? ¿Esos ojos no tienen el don de la mirada? jEsa boca no va á abrirse y á hablar? La verdad, que, segiin uno de los críticos mencionados, era la musa de Velázquez, se manifiesta en sus retratos de un modo prodigioso. Refiere Palomino que, al ver el Eey un retrato del almirante D. Adrián Pulido Pareja, dirigióse á él diciéndole: Qué hacéis ahí? jPor, qué no habéis ínarchado á vuestro destino? Y después, volviéndose á Velázquez, agregó: Hijo mió, te confieso que mehas engañado. Velázquez, aunque era de condición apacible y se hacía desde luego estimar por su amabilidad y dulzura, también demostró más de una vQzq l Agenu irrila ilev tnm debiera llamarse. j fi íMs i) r ¿íaí tZe ríí t ríi con perdón del macarronismo. -Pintó en uiha ocasión. el re- trato del Key á caballo, y presentado en público, (fué censurado el caballo de estar contra las reglas de la jineta, pero celebrado de otros. Enfadóse mucho con esta diversidad de pareceres, y borrando la mayor parte del cuadro, puso en él: Dldaeus Velazquins, pintor regís, e. r- i? í. í; ií. Diego Velázquez, pintor del Rey, lo ¿ííípi ftfí) La exposición en público de este retrato del Eey nofetrae á la memoria una singularísima coincidencia, que no sabemos haya sido anotada antes, y que en cierto modo podría recordar la popular leyenda de la cabeza del rey D. Pedro. El día 21 de Agoíto de Í 622- -ya nos ocuparemos de este hecho en el número correspondiente- -fué asesinado el poeta Conde de Villamedianá, frente á San Felipe el Eeal y casi á las puertas de su casa- palacio de Oñate, donde se expuso el cadáver hasta que fué reconocido por un escribano. Era día de gran concurrencia, según dice Hartzenbusch, por ser festivo y de verano, ser entonces paseo la calle Mayor y haber ocurrido el hecho en lasprimeras horas de la noche. El agresor escabullóse entre la gente sin ser conocido. El crimen, se atribuyó á celos é impulsos del Rey, Junada eu suma pudo averigaarse. Al siguiente año, en 20 de Agosto, Velázquez terminó el primer retrato que hizo de FelipeIV, y que es una verdadera maravilla. Era el retrato del Rey, dice Cean Bermúdez, del tamaño del natural; estaba armado y á caballo, muy arrogante y brioso; y con su Real licencia se puso en la calle Mayor, frente á San Felipe el Real, en día de gran concurrencia, donde fué admirado de todo el pueblo, y causó no poca envidia á los demás pintores. El fallecimiento de Velázquez fué causa de grande y general sentimiento. Acompañaron su cadáver, que fué enterrado en la parroquia de San Juan, artistas, títulos, caballeros de las Ordenen, criados del Rey, y numerosos amigos y admiradores. Siete días después murió su viuda, que fué sepultada ¿I ládodel cadáver de su marido. Era ésta hija del méncionado pintor Pacheco, quien refiriéndose al casamiento, dice en su obra JSlArte de la Pintura: Al cabo de cinco años que estuvo en ésta (que se podía llamar Academia del buen gusto) le casé con mi hija (D. Juana) movido de su virtud, limpieza y buenas partes, y de las, esperanzas de su natural y grande ingdnio. TELLO T E L L E Z