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482 BLANCO Y NEGRO Estos y otros dicharachos semsjautes, que revelaban el estado de los ánimos y el odio que los franceses inspiraban, estaban justificados por la situación, aan cuando fueran injustos, por lo que se referia al personaje á quien iban dirigidos. -No sólo los escritores citados, sino también Toreno, Chao y cuantos imparcialmente se han ocupado de aquella época, hacen justicia á las cualidades y prendas de José Bonapartei 7 aun el mismo D. Miguel Agustín Principe, que ya en tono serio- -Hütoria, de la. guerra de la Independencia, -ja en estilo jocoso- -Tirits y troya 110.1, -hace alanles de su patriotismo poniendo á los franceses como chupa de dómine, escribe lo siguiente en la segunda de las citadas obras: Esta elección- -la de José para Rey de España, -si he de ser franco, fué el menor disparate que hizo Napoleón en todo el curso de aquella intriga, porque una vez dado el mal paso de usurpar el solio español, uno de los más dignos de ocuparlo era, á no dudar, el buen Pepe. Suave de condición, ingenuo, amable, benéfico, instruido, sendUo, teníalas mejores recomendaciones para hacerse querer de nosotros, á haber sido España un país tan sufridor de injurias como Italia. Todo esto, que la razón serena y el ánimo sosegado ve después, no podían verlo los que estaban bajo la impresión. del agravio, y si es cierto, como aseguran los citados Chao y Toreno, que el rey José hubiera, sin duda, labrado la feUcidad de los españoles) éstos, qué siempre han preferido su dignidad á su bien, podrían justificarse cumplidamente con las mismas palabras de Napoleón, que escritas eslán en el Diario de Santa Hiena: Los españoles desdeñaron el interés, dando importancia á la injuria; se indignaron con la idea de la ofensa; se sublevaron á la vista de la fuerza, y todos corrieron á las armas. Los españoles en masa se condujeron como lo haría un hombre de honor en una cuestión privada) No hay para qué decir, después de los expuestos anteceientes, si fueron grandes la satisfacción intima, la esperanza consoladora que inundaron todos los pechos al susurrarse en Madrid las primeras noticias del brillantísimo triunfo conseguido en Bailen por las armas españolas; no hay para qué ponderar el entusiasmo frenético, el regocijo inmenso que produjo, al confirmarse aquellas noticias, la huida del rey José, de su corte y de las tropas francesas que en Madrid había, y que, atemorizados, salieron precipitadamente en los días 30 y 31 de Julio, librando á los heroicos madrileños de su odiosa presencia. Tan malparado vieron su asunto los franceses en aquella ocasión, que al abandonar la población, hiciéronlo como si tuvieran la seguridad de no volver á entrar en ella. Después de clavar más de ochenta cañones, de inutilizar gran cantidad de cajas de fusiles y de municiones, y de arrojar á los pozos, estanques y norias del Retiro número considerable de granadas y bombas y barriles de pólvora, se dedicaron á saquear los palacios de la capital y sitios reales inmediatos, llevándose vajillas, alhajas y cuanto encontraron en ellos de verda. lero valor y de fácil transporte. El pueblo vio marchar las tropas con una alegría que era miiy natural. En cuanto al rey José baste recordar lo que dice Thiers en la Historia del Imperio: Salió de la corte sin que se le dirigiera ningún apostrofe insultante, porque su persona había logrado inspirar cierta especie de respeto. Sin. embargo, la musa popular y la de los poetas de circunstancias no estuvieron completamente ociosas, y mientras aquélla soplaba) Coplejas comí) las primeras que hemos citado, la segunda inspiraba versos como ios siguientes Es mi voluntad, y quiero, Ba dicho Napoleón, Que sea rey ele esta Nación lii liermano José Primero J Es mi voluntad, y quiero, Be ponde la EBpaña ufana, Que se Vaya á cardar lana Ese rey José postrero La estampa que representa k fuga del rey José, y cuya reproducción va en este número, no por su mérito artístico, sino á título de curiosidad, es una de la cole. -ción de láminas hechas por Pinelli referentes á nuestra guerra de la Independencia, y está sacada, por fotografía, del ejemplar que existe en la Biblioteca Nacional. Í E L L O lÉLLÜZ.