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1 coy t o KlEVlSTíV iLUSTHvVi rHvVi T R 0 M 1 M TK, CICV iVccio 2o Ctn Núm. 65 EFEMÉRIDES 81 de Julio x 8o8. -L a s tropas francesas y el intrUSb r t y José h u y e n de M a d r i d d e s p u é s de la b a t a l l a de B a i l e n Si al que lo feo ama, hermoso le parece como dice un adagio, nada tiene de extraño que el que algo deteste, descubra y vea en el objeto de su abominación vicios y defectos que no tiene, y ni vea ni conceda las virtudes y bondades que pueda tener: nada tiene de sorprendente que ole resulten demonios- -como dice otra frase proverbial- -ángeles que pinte que al fin y al cabo- -ly vaya de refranes! la pasión quita conocimiento y pasión es el odio tan terrible y vehemente como el amor, si no es, en algunos casos, mucho más vehemente y más terrible. El noble y altivo pueblo español, herido rudamente en sus afecciones más queridas y en sus sentimientos más arraigados; en su patriotismo y en su amor á la independencia; engañado traidoramente por los que entraron como amigos para tratarlo después como conquistadores; afrentado cuando pretendió reivindicar sus derechos; ametrallado cuando quiso protestar de la afrenta, estalló, al fin, en un sublime arranque de santa y heroica indignación, que puso espanto en el pecho de los engreídos y fuertes invasores. r Y entonces consagró su amor al rey Femando, llamándole primero el Seseado y luego el Aclamado, y concediéndole las más eminentes cualidades, no por lo que valía- -que valia bien poco- -sino porque en él cifraba la esperanza de la reconquista de su independencia y de sus derechos; y entonces amasó en su alma, con la sangre y el llanto derramados, todos los odios y todos los rencores, para arrojarlos al rostro del invas or, en quien veía reunidas cuantas deformidades fisi- cas y morales podían hacer espantoso al monstruo más abominabla El rey José, por razón de su cargo, había de ser forzosamente blanco preferente de la execración y de la maledicencia; y el pueblo, siempre zumbón y chancero, aun para manifestar sus sentimientos más terribles en los momentos más graves, no cesaba de disparar contra él coplas, pullas y ohanzonetas, en las que procuraba zaherirle con todo género de inculpaciones y de insultos. El poco afortunado Monarca, arbitrariamente impuesto por la voluntad de su hermano Napoleón ó Nwpoladróu, como se decía entonces, ño tenía ciertamente el vicio de la embriaguez, pues es cosa sabida que ni aun probaba el vino; pero el pueblo se obstinaba en creer y en decir que era borracho, llamábale Pepe Botellas ó el Rey de Copa siempre que tenía que nombrarle, y el día en que éste, espantado por las no. ticias de la batalla de Bailen, huyó de Madrid, corrió de boca en boca, por todas partes, esta picaresca coplilla: Ya se fué por las Ventas El rey Pepino Con nn par de botellas Para el camino. Aun siendo José agraciado de rostro, coüio dice Lafuénte, aunque sin la tolrada penetrante y expresiva de su hermano, el odio popular llegó á desfigurar tanto su cuerpo como su alma pintándole tuerto, y con este defecto físico Se distribuían retratos suyos y se le hacía objeto de risibles farsas en las plazas y en los teatros, cantándose entre otras desvergonzadas coplas que no es posible repetir, ésta que, como la anteíior, recuerda Mesonero fiomanoB en aus Jl isffío aí de are ífeítóíí iiTa viene por 1 Ronda José Primero Con un ojo postizo Y el otio hoerO S